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  • ESCOZOR

    I

    ME esfuerzo
    Por saber quien soy
    Dicen que soy un cad√°ver insepulto
    Se que dir√°n que soy mani√°tico
    De espaldas me encontraran

    II

    NO me agrada este muro
    Aquí todo hiede a mierda

    III

    ABRO mis ojos
    Y el espejo es inexacto

    IV

    ESTO
    Me arrebata
    Yo solo me tengo a mi mismo

    V

    SE QUE es imposible ocultar
    Que soy el preso m√°s peligroso
    Han descubierto que me masturbo
    /con la palabra

    VI

    PROCURO esconderme de mi yo
    La gloria me aguarda
    Nada parece m√°s estable que mi muerte
    Este olor a azufre no me tienta
    No alcanzo a borrar los rostros
    De quienes creí mis amigos

    VII

    LA VIDA que so√Ī√©
    Se perdió en el inventario

    VIII

    ME diviso
    Muero de lluvia

    IX

    LADRO
    Me veo
    Disimulo
    No me acostumbre a este animal
    Que voy siendo

    X

    HACIA DONDE me llevara esta rabia
    El ocio resquebraja la ciudad que imagino
    No puedo disimular el temor a encontrarme
    Mi novenario aun no ha comenzado
    No basta con apedrear el p√°jaro
    Intenso es el l√°tigo del amo
    Escucho que afuera piden mi libertad
    Mis mujeres piden a gritos mi cabeza
    Son mis amigos quienes llevan el hacha
    Hacia donde me llevara esta rabia.

    XI

    OTRO DIA la espina en el ombligo
    Espejismo a golpes de piedra
    Desbastan el escozor que queda
    Alambres de p√ļas siembran en mi boca
    Duele ser el elegido

    XII

    MI SEMEN en el altar de la ley
    Se hace dolor con tinte de sabio
    Volveré por la revancha

    XIII

    NO ALCANZO a espantar de mi celda
    Las voces de los muertos
    Que reclaman mi Dios hecho a
    Imagen y semejanza mía

    XIV

    EL RIESGO es √ļnico
    Pero no tengo sino que recoger
    El Arco
    Disparar
    Y advertirles que no escucho la campana

    XV

    A ESTA hora empieza
    El carcelero a cortar raíces
    Debo interrumpir la ceremonia

    XVI

    SI PUDIERA recordar quien soy
    Este río no albergara misterios
    Mis noches de tigres empendrerian la B√ļsqueda
    Entendería porque juandemaro
    Desteje el Apocalipsis
    Habl√°ndome siempre de Gunter Grass
    Poco o nada me resulta celebre
    Un hedor a esperanza me mantiene en vilo
    Una bandada de Escorias
    Elevan mi alma pecadora

    XVII

    ESTA noche
    Me cubro de estallidos

    XVIII

    ME TEMO seco y asqueroso
    Asumo el sacrificio

    XIX

    SOLO me veo
    El espejo me lastima
    Hijo del verbo

    XX

    NUNCA vi tantos negros juntos
    Apesto a silencio

    XXI

    A LOS demonios
    No les agrada mi olor a soledad

    Huyen despavoridos

    Un sabor a olvido
    Queda pre√Īado de m√≠

    XXII

    ME VEN izando la Bandera
    Esta vez escupo el pecado

    XXIII

    TARDE o temprano mi nombre estar√°
    En los altares

    XXIV

    NO HAY razón para no penetrar la noche
    Me aventuro a espantar el enojo de
    / mi cautiverio
    Nadie lastima la imagen del cazador
    Un chopo atisba la memoria
    Mis abuelos serios y mudos transitan mi celda
    Me rodea el recuerdo de la casa solariega
    Dejaron el altar armado con ojos de panteras

    XXV

    VICTIMA de la hora agudizo el camino
    Un montón de militares
    Me aborda
    Mi Dios es mujer hecho calabozo

    XXVI

    PIERDEN el tiempo
    Me agrada el sacrificio

    XXVII

    UNA HUMEDAD maligna aumenta el escozor
    No hay motivo para la venganza
    Mi cacería es atávica

    XXVIII

    VESTIDO DE ladrillo disparo mis dardos
    Mis palabras de fusil
    Sobresaltan la zozobra

    XXIX

    LA encomienda
    Es matarme al mediar la noche
    Se precipita mi gloria

    XXX

    NERVIOSO, surco el palacio de hierro
    Mis adversarios festejan mi cautiverio
    Como putas voraces
    Suspenden mis testículos
    Se divierten mientras (yo)
    Me habituó al abandono

    XXXI

    ABRO la puerta
    Forcejeo
    Nadie quiere cargar la lapida

    XXXII

    QUIERO decir hombre
    Y el carcelero abre mi herida

    XXXIII

    MIS HIJOS heredaran una apacible
    Ulcera g√°strica

    XXXIV

    DE TANTO expiar mi tribu
    Recomiendan no alterar mi castigo

    XXXV

    INFECTADO reprimo el deseo
    Cada ocho días recibo noticias de Dios
    Desvergonzado recojo mis sandalias
    Salobres y perfectos son los senos del Olvido

    XXXVI

    MI ATAUD es un caballo c√°ustico
    Me reservo el chuzo para el encuentro
    No me seduce el Reino de los cielos

    XXXVII

    MIS ojeras
    Y parpados hinchados se los debo
    A Yoly la puta de la 27

    XXXVIII

    UN LEOPARDO blanco sale de los ojos tristes
    De mi madre
    Soslayo las lagrimas que caen
    Como ladridos de perros

    XXXIX

    SOY FUSIL vivo de pechos h√ļmedos
    Nada me hechiza
    Me disperso
    Adentro
    Muy adentro

    XL

    CONOZCO el dolor no me apresuro
    Malignos pensamientos agazapan el √°guila
    La peinilla del Guardi√°n rompe signos
    Hoy tengo el ce√Īo fruncido
    A tiempo disipo la existencia

    XLI

    FAMELICOS perros cuidan la entrada
    Jam√°s me ver√°n de rodillas
    Ellos saben que no pido tregua
    Armado con mis llagas bizantinas
    Me esfuerzo por cumplir la penitencia

    XLII

    EVITO perder el amuleto
    No vine a morir en vano

    XLIII

    CONTEMPLO
    La pasión del Buitre

    XLIV

    ME querían
    Aquí me tienen
    Que nadie diga que no se lo advertí

  • POLITICA: LUJURIA SALVAJE

    (A nuestro Presidente, Hugo Rafael Chávez Frías, Príncipe de la Libertad Sudamericana y el más demócrata Mandatario que ha tenido Venezuela, dedico)

    Con una flexibilidad incre√≠ble, y por dem√°s ins√≥lita, estamos percibiendo c√≥mo el poder pol√≠tico se traga al Estado. En el a√Īo 1992, en una cr√≥nica volandera se√Īal√°bamos que Venezuela no era m√°s que un hato manejado por no m√°s de cincuenta personas. Ahora, desde el a√Īo 2002, esos mismos grupos econ√≥micos pretenden globalizar las competencias del Estado. Son los mismos grupos oligarcas que manipulan al pueblo con reflexiones ap√≥crifas y peque√Īos ensayos superfluos.
    Alimentan al pueblo con mentiras y a trav√©s de los medios de comunicaci√≥n tergiversan la verdad. No nos atrevemos a convalidar y menos a estas alturas, comportamientos impetuosos, sical√≠pticos y √©ticos, que nos recuerdan nuestro origen animal. Pero ¬ŅCu√°l fue el aspecto meritorio de los gobiernos suscitados del pacto pol√≠tico puntofijista?, ¬ŅCu√°ntos no vivieron del Estado sin aportar nada? Quienes hoy hablan de la desgracia ocurrida el 11 de abril del pret√©rito a√Īo 2002 y del paro-sabotaje, cuyos padres: Carlos Ortega, Carlos Fern√°ndez y Juan Fern√°ndez, alg√ļn d√≠a, tendr√°n que responder a la historia, olvidan los ca√≠dos bajo los reg√≠menes de Betancourt, Carlos Andr√©s, Rafael Caldera y Jaime Lusinchi, s√≠, ese mismo, el que se atrevi√≥ a decir que ‚ÄúLa banca internacional lo hab√≠a enga√Īado‚ÄĚ. ¬ŅCu√°ntos muertos no pesan sobre las espaldas de Carlos Andr√©s P√©rez? Y nadie, que la historia recuerde, hizo vigilia para que dichos cr√≠menes no quedaran, como en efecto quedaron: impunes. Nadie habla sobre los grandes cr√©ditos agropecuarios concedidos por Carlos Andr√©s P√©rez y que la oligarqu√≠a nunca cancel√≥. Esculcar la llaga del pasado no le conviene a quienes hoy pregonan la violencia. Ciertos grupos econ√≥micos han logrado, parcialmente, manipular la uniformidad familiar del pueblo venezolano. Se niegan a aceptar que perdieron el disfrute goloso de los privilegios que durante m√°s de cuarenta a√Īos tuvieron a merced del pueblo. Por lo general-- para recordar a Te√≥dulo L√≥pez Mel√©ndez--: ‚ÄúSe necesita valor para afrontar las presiones de todo signo‚ÄĚ, y mucho valor ha tenido el Presidente de la Rep√ļblica, Hugo Rafael Ch√°vez Fr√≠as, para afrontar las presiones de los poderosos grupos econ√≥micos oligarcas que pretenden seguir manejando al pa√≠s como si √©ste fuera un simple hato familiar: No es conveniente retroceder, los due√Īos de los canales privados de televisi√≥n (no olvidemos que uno de ellos, Gustavo Cisneros, es √≠ntimo amigo de Bush padre) han ensoberbecido al pueblo y no hay nada m√°s peligroso que minimizar al pueblo. Los medios comunicaciones pertenecientes a una oligarqu√≠a escabrosa y rancia, ahora pretenden manipular al heroico pueblo venezolano, con falaces argumentos en cuanto a la reforma constitucional presentada por nuestro Comandante en Jefe, Hugo Rafael Ch√°vez Fr√≠as. Arguyen que de llegar a aprobarse la referida reforma ya no habr√° m√°s libertades en el pa√≠s; y, mucho menos, democracia alguna. ¬°Por Dios!, en √©ste pa√≠s, todo el mundo protesta, muestra el trasero, insulta al Jefe de Estado sin que nada pase; no se ha cerrado un solo medio comunicacional, enti√©ndase: peri√≥dico, diario o televisora nacional privada. El √ļnico que s√≠ lo hizo, vale acotar, cerrar un medio de comunicaci√≥n social, fue ese loquito que acostumbraba colocarse la gorra al rev√©s. Aqu√≠ se ha confundido la libertad que debe imperar en una Naci√≥n, con el libertinaje que se ha permitido en desmedro del pa√≠s. Aqu√≠ todo el mundo hace lo que le da la gana. No ha habido m√°s libertad democr√°tica en ning√ļn otro gobierno venezolano. Quiz√°s en el del General Medina Angarita. Que ha habido fallas, es cierto. Que algunos que acompa√Īan a nuestro Presidente se hacen llamar revolucionarios, sin serlo en el fondo de su almas, es cierto. Que hay mucho enemigos ocultos dentro de la revoluci√≥n Bolivariana, es cierto. Pero Roma no se hizo en un d√≠a. Esos batracios caer√°n por s√≠ solos. Aqu√≠ todo el mundo habla peste de nuestro Libertador Sim√≥n Bol√≠var y nada pasa. Particularmente, siempre he cre√≠do que las personas que hablan perversamente y asumen una animadversi√≥n por nuestros h√©roes independentistas, son ‚Äúraros‚ÄĚ. Como hombre formado en leyes no veo nada malo en el proyecto de reforma constitucional que present√≥ el Presidente a la Asamblea Nacional. Uno que otro error estructural. Nada que no se pueda remediar. ¬ŅLa elecci√≥n continua o indefinida? Se√Īores, conv√©nzanse: Ch√°vez estar√° en Miraflores hasta que el pueblo quiera. Porque deseo que el pa√≠s progrese y no vuelva a caer en manos de v√°ndalos voy a votar por la aprobaci√≥n de la Reforma Constitucional. Sin embargo, es menester decirlo: En el presente gobierno, ciertamente, se han cometido desaciertos, pero comparados con los traspi√©s de los gobiernos pasados, representan tan solo un min√ļsculo granito de arena en comparaci√≥n con el gran desierto de los cuarenta a√Īos del Puntofijismo.
    * Abogado egresado de la Universidad Santa María. Especialista en Derecho Procesal Penal. Especialista en Derecho Penal. Especialista en Literatura Latinoamericana. Doctorado en Jurisprudencia. Autor de una docena de libros, entre los cuales: Frente al boulevard es la cosa; Escozor; Lacerado; Corte de Apelaciones; Sobre la Reforma del COPP, etc.
    Correos: leopermelcarora@yahoo.es
    leonardopereiramelendez@gmail.com
    leopermelcarora@gmail.com

  • MUMIA ABU-JAMAL O LA LIBERTAD CONVERTIDA EN HOMBRE

    (A Heidi Albarrán Linárez, cuyos ojos negros impregnaron de rocío mi alma)

    Nadie recuerda a los carceleros de Don Miguel de Cervantes Saavedra, autor nada menos de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha ; nadie recuerda a los carceleros de Henri Charri√©re, famoso franc√©s, autor de Papill√≥n; como tampoco nadie recuerda a los carceleros de ese gran genio de la literatura, probablemente el m√°s grande escritor de todos los tiempos, con excepci√≥n de Johann Wolfgang Goethe, recordado por su monumental obra: The picture of Dorian Gray o lo que es lo mismo: El retrato de Dorian Gray. No hay duda alguna, que en √©ste siglo ni en los venideros, nadie recordar√° al Juez que el 3 de julio de 1982, dej√°ndose arrastrar por la mentira y el poder pol√≠tico estadounidense, condenara a pena de muerte a Wesley Cook, mejor conocido como Mumia Abu-Jamal, periodista y bizarro defensor de los derechos de los negros, preso por un sistema judicial racista, por un sistema judicial dizque el m√°s objetivo e imparcial del orbe. Los tent√°culos del poder pol√≠tico menoscaban los brazos de la diosa de la justicia. En un dictamen de 272 p√°ginas, el juez federal de distrito William Yohn revoc√≥ la pena de muerte impuesta hace casi dos d√©cadas al autor de Desde la galer√≠a de la muerte, y de Brota la Vida libro exquisito, una ‚Äúobra intemporal‚ÄĚ (Julia Wright) que nada tiene que envidiarle a la Balada de la c√°rcel de Reading de Oscar Fingal O‚ÄôFlahertie Wills Wilde. El pasado 19 de diciembre en las p√°ginas internacionales de El Impulso de Barquisimeto, le√≠ la grata noticia que hoy motiva estas l√≠neas. Muchos m√°rtires han sido ajusticiados en nombre de la libertad. En nombre de una ignominiosa justicia. El pa√≠s que uno supone respeta los valores, derechos humanos, ha prohibido que Mumia Abu-Jamal pueda abrazar a sus hijos. Desde 1.995 en la prisi√≥n de m√°xima seguridad ‚Äď SCI Green ‚Äď de Pensilvania, en una celda m√°s peque√Īa que un ba√Īo, permanece tras los muros y barrotes el preso m√°s famoso del mundo. Este hombre subsiste encerrado 23 horas del d√≠a, sin ver luz alguna, sin comunicarse con nadie a su alrededor. Le dan s√≥lo una hora de patio. (El ‚Äúpatio‚ÄĚ es una peque√Īa habitaci√≥n, donde no se cuela el m√°s m√≠nimo rayito de luz solar, y donde ning√ļn convicto puede comunicarse, hablar con otro so pena de un severo ‚Äúcastigo‚ÄĚ).
    El 27 de octubre de 1985 recib√≠ una carta enviada desde el Internado Judicial de Barquisimeto, la cual en uno de sus extractos expresa una verdad, que a√Īos m√°s tarde me toc√≥ vivir en carne propia: ‚ÄúConsidero que un abogado no ser√° nunca un defensor consciente hasta que no hiciese una pasant√≠a permanente de no menos de cinco a√Īos encarcelado, como el Juez no ser√° nunca un sentenciador honesto si no hubiese hecho una pasant√≠a de diez a√Īos encarcelado.1 Cuando me desempe√Ī√© como Fiscal del Ministerio P√ļblico en la ciudad de Barquisimeto, muchas veces encontr√© sobre mi escritorio, acusaciones ya realizadas por mis secretarios y asistentes; iba a juicio, y lograba la ‚ÄúVictoria‚ÄĚ. Nunca pens√© si a quienes yo acusaba eran o no inocentes. Me dej√© llevar por el sistema. Hasta que hube de atravesar una vil maniobra judicial tramada por quienes consideraba mis compa√Īeros y amigos: permanec√≠ tras los muros dieciocho meses. All√≠ aprend√≠ el verdadero significado de la justicia y de la libertad. ‚Äú¬ŅA cu√°ntos inocentes mand√© a √©sta c√°rcel?‚ÄĚ, me pregunt√© una tarde soleada, ba√Īada de soledad. Ocup√© mi tiempo leyendo y estudiando. Ahora cuando observo a alg√ļn fiscal o juez dej√°ndose arrastrar por presiones gubernamentales, pol√≠ticas o sociales, sin importarle un bledo si a quien acusan o juzgan es inocente o no; siento l√°stima por ellos y un cierto aire de alivio por haber aprendido la lecci√≥n. ¬ŅC√≥mo un hombre que est√° condenado a pena de muerte, cuyos derechos m√°s elementales les son violentados, puede hablar de libertad, so√Īar con un sistema judicial m√°s justo? Fue lo primero que vino a mi mente luego de haber le√≠do Brota la vida, excepcional obra que ha sido traducida al franc√©s, al alem√°n, al castellano, al portugu√©s, al holand√©s y al italiano, siendo prohibida su lectura, como lo fue en su momento, Las Flores del mal, de Charles Baudelaire. Cuando apenas contaba con 14 a√Īos, Mumia Abu-Jamal fue humillado, torturado, golpeado, puesto entre las rejas, solamente por levantar su voz y protestar durante la campa√Īa presidencial de George Wallace, un ‚Äúciudadano‚ÄĚ estadounidense que denigraba de las personas de color. Por sus aguerridas luchas a Mumia Abu-Jamal (24 de abril de 1954 ‚Äď Filadelfia) el poder pol√≠tico busc√≥ destruirlo, callarlo para siempre. El 9 de diciembre de 1981, cay√≥ gravemente herido por los disparos de la polic√≠a. El sistema lo acus√≥ del ‚Äúasesinato‚ÄĚ del Oficial de Polic√≠a Daniel Faulkner. El Juez Albert Sabo se vendi√≥ al sistema. A un sistema parcializado y putrefacto. Exist√≠an y a√ļn existen pruebas de la inocencia de Mumia Abu-Jamal. El sistema judicial americano no es confiable. Tiene muy buenos conceptos de lo que es y debe ser la justicia. Pero hasta ah√≠. La pr√°ctica cambia todo. Evapora el Estado de derecho. Nuestro sistema judicial nada tiene que envidiarle al de los ‚Äúyanquis‚ÄĚ. Desde 1982 Mumia Abu-Jamal esperaba la decisi√≥n del Tribunal Superior. Demasiada celeridad procesal nos abruma. El 18 de diciembre de √©ste a√Īo (2001) se declar√≥ con lugar la apelaci√≥n interpuesta por Mumia Abu-Jamal, un escritor honesto, un luchador digno, una libertad convertida en hombre.

  • FRENTE AL BOULEVARD ES LA COSA

    A E. N. M. S. Sólo Dios, las palomas que revoletean por los alrededores del Edificio El Nacional de Barquisimeto, y ella, saben por qué...

    Los recuerdos golpean la memoria. Veo un ni√Īo construyendo mu√Īecos de barro, cabalgando en corceles de madera, y carrereando, a pleno sol, en el solar de la Calle Jos√©, lagartijas y azulejos. Lo veo llamando ‚ÄúPan Salao‚ÄĚ al loco que viv√≠a al lado de su casa, en cuyo solar, a esos de las siete de la ma√Īana, seg√ļn cuentan, Do√Īa Goya, me trajo al mundo, atendida por una comadrona y nada menos que por Don Chegoyo Hern√°ndez. Los recuerdos golpean la memoria. Veo a un ni√Īo jugando b√©isbol con pelotas de trapo. Jugando a escondidas con sus dos hermanos mayores: Jorge y Luis. Lo veo vendiendo dupletas con una de sus hermanas mayores: Marisol. Hacen rifas y salen tarde, a esos de las seis, cuando el sol, ya cansado, se va de siesta, a vender empanadas y camburitos. Lo veo dici√©ndole a su hermanita, Raquelita, que meta el l√°piz dentro del enchufe que queda dentro del cuarto de su otra hermana: Daybo. Se r√≠e a carcajadas, hasta que aparece ‚ÄúMama Goya‚ÄĚ, y le suelta sendos coscorrones. Se va al solar, y guinda una iguana viva que ha tra√≠do a casa su hermano Luis, para que Do√Īa Goya la mate, la sancoche y haga guiso para las empanadas del d√≠a siguiente; guinda una iguana, digo, y comienza a tirarle piedras. De pronto veo al ni√Īo hecho hombre, bailando raspacanilla en los bulevares que se hacen frente al Concejo Municipal, tomando an√≠s cartujo, y puliendo la hebilla, al mejor estilo de ‚ÄúRafa y sus Diamantes‚ÄĚ. Visita el ‚ÄúYatay‚ÄĚ y lo sacan de la mano por ser menor de edad. Tiene una novia en cada esquina. Y a cada una le escribe un poema. Los recuerdos golpean la memoria. Veo un ni√Īo que sube al Cerrito de la Cruz a elevar papagayos. Lo veo que juega metras y trompos, y lo veo cay√©ndose a trompadas cuando se acerca alguien y dice: ‚ÄúManos limpias‚ÄĚ. Lo veo hecho un hombre. Se entusiasma con la poes√≠a de Pablo Neruda. Escribe, se putea, se emborracha y duerme en muchas camas ajenas. De pronto lo veo tras las rejas. Preso. Lo veo agarrado, masturb√°ndose con la palabra. Conoce el bien y el mal. Los recuerdos golpean la memoria. Escribe un librito: ‚ÄúCambio de garita‚ÄĚ. Busca un abogado de Barquisimeto, y a trav√©s de √©l, ejerce su profesi√≥n de abogado para mantener a su familia. √Čl hace los escritos, estudia y analiza los casos. Pero es otro abogado quien suscribe los escritos que √©l hace en una vieja m√°quina de escribir. Logra sacar en libertad a 11 personas. Los recuerdos golpean la memoria. Se percata que un detenido desea mandar a matar a un fiscal del Ministerio P√ļblico. Se da cuenta que es uno de los dos fiscales que se ensa√Īaron contra √©l y su familia. No puede dormir tranquilo. Por las noches recuerda los consejos de su madre y las ense√Īanzas de su abuelo Papa Ch√ļ. Habla con el detenido, lo convence y logra salvar la vida de quien se encarniz√≥ contra √©l y su familia. Tiempo m√°s tarde, ese detenido, saldr√° en libertad y a los pocos meses es asesinado. Nunca ese triste fiscal supo o lleg√≥ a enterarse que ‚ÄúEl Pel√≥n‚ÄĚ, ‚ÄúEl hijo de Do√Īa Goya‚ÄĚ le salv√≥ la vida. Los recuerdos golpean la memoria. Veo un ni√Īo acompa√Īado de otros tres ni√Īos: Leonardo de Jes√ļs, Jos√© Leonardo y Gregoria Urbana, juegan a ser Pap√° e hijos. Veo que los cuatros suben al Cerrito de la Cruz, a tomar refrescos, comer golosinas y tirarle piedras a los cuj√≠es secos y hambrientos de rebeld√≠a nerudiana. Cuidado, ah√≠ viene ‚ÄúPan Salao‚ÄĚ, bravo, muy bravo, con un palo en la mano. ‚ÄúPan Salao‚ÄĚ, ‚ÄúPan Salao‚ÄĚ. Tranquen esa puerta. ‚ÄúS√≠, s√≠ mam√°‚ÄĚ, pero no fui yo. Pero, hijo, Raquel est√° en Caracas. Y yo, aqu√≠, mam√°, contigo, celebrando mis treinta y seis a√Īos.

  • APRECIACION PROBATORIA DE LAS ENTREVISTAS EFECTUADAS A TESTIGOS EN LA FASE INTRODUCTORIA

    (Al Dr. Francisco Daniel Meléndez Rodríguez, excelso penalista, agudo investigador, pero ante todo honesto y cabal ciudadano, dedico)

    En realidad, en la fase preparatoria o de investigaci√≥n, no hay testigos, sino simplemente, informantes. No puede haber testigos, porque en √©sta etapa introductoria el Ministerio P√ļblico, est√° buscando los elementos de convicci√≥n, que le sirvan para ejecutar el acto conclusivo; adem√°s que las personas llamadas a declarar por el representante de la vindicta p√ļblica, lo hacen casi siempre en el despacho del fiscal, o por ante los organismos policiales auxiliares; no expresan sus conocimientos por ante el Tribunal de Control, salvo que, algunas de las partes soliciten un anticipo de prueba, conforme lo prev√© la normativa procesal contemplada en el articulo 307 del C√≥digo Org√°nico Procesal Penal. De tal manera que, las personas que comparecen a declarar y son entrevistadas en el despacho fiscal o en los √≥rganos policiales auxiliares, no obtienen la condici√≥n de testigo sino cuando exponen por ante los tribunales. Es en los √≥rganos jurisdiccionales donde son juramentados y obligados a decir o revelar la verdad. Por lo cual, las denominadas actas de entrevistas practicadas a ‚Äėtestigos‚Äô en la fase introductoria, no pueden---no deben, es lo apropiado--- ser incorporadas al juicio oral y p√ļblico, bajo la figura de prueba documental, como lo indica el art√≠culo 339 del COPP, porque al hacerlo, se vulnera el principio de separaci√≥n de funciones y el debido proceso. En el sistema acusatorio el fiscal no puede suplantar la figura del juez. La √ļnica forma que las declaraciones dadas por los informantes en la fase preparatoria, puedan ser incorporadas al debate probatorio, es que a petici√≥n de las partes, el Juez de Control, haya practicado y, obviamente, presenciado el acto, en el cual, el Ministerio P√ļblico, la Defensa T√©cnica y el Querellante, si lo hubiere, asumen la oportunidad de ejercer el contradictorio. Se recibir√° como prueba documental. La declaraci√≥n rendida por ante el despacho del Ministerio P√ļblico, o por ante los organismos policiales subalternos, no pueden ni deben ser consideradas por el Juez de Juicio---bien sea unipersonal o constituido con escabinos ‚ÄĒ con valor probatorio para dictar una sentencia condenatoria, pues carece del fundamento de la prueba preconstituida, y, fehacientemente, no tiene el car√°cter de prueba anticipada, porque las partes no pudieron ejercer cabalmente el principio contradictorio. Personalmente, apreciamos que al aceptar las entrevistas a ‚Äėtestigos‚Äô como prueba documental en el debate oral y pedir al deponente su ratificaci√≥n‚ÄĒen caso de que comparezca al juicio oral y p√ļblico---se quebranta el debido proceso, no solo por expresa contravenci√≥n del principio de inmediaci√≥n, ya que, esa declaraci√≥n no fue lograda ante el √≥rgano jurisdiccional; adem√°s el principio de igualdad procesal y de defensa. Ello porque ni el imputado --- lo adecuado es hablar de acusado, pues en esta fase ya la acusaci√≥n fiscal ha sido admitida por el Juez de Control --- ni el defensor t√©cnico lleg√≥ a examinar al ‚Äėtestigo‚Äô entrevistado en la fase inicial del proceso penal; por consiguiente, y siguiendo el criterio del jurista espa√Īol Manuel Miranda Estrampes, la declaraci√≥n rendida por ante el Ministerio P√ļblico, no tiene ‚Äúla consideraci√≥n de m√≠nima actividad probatoria de cargo apta para destruir la presunci√≥n de inocencia‚ÄĚ. As√≠ mismo las nombradas actas policiales no deben ser ofertadas, mucho menos admitidas, como prueba documental, porque a pesar de haberse practicado de acuerdo a la legalidad constitucional, no poseen la condici√≥n de anticipo de prueba; por lo que, so pena de nulidad, lo ideal, es que corresponde ser promovidos como testigos, los funcionarios actuantes, esto es, los que, participaron en los hechos investigados, a fin de que las partes puedan ejercer la contradicci√≥n en el debate oral.
    Permitir la lectura de las actas policiales, y valorarlas como prueba documental, desnaturaliza el sistema penal acusatorio, e implica retomar al retorcido sistema inquisitivo, que a√ļn impera en la mente de no pocos jueces ignaros y ap√°ticos, subordinados borregos al Poder Ejecutivo en contraste con los principios democr√°ticos, de funciones ajustadas, aut√≥nomas y controladas. Las actuaciones policiales, tienen, a nuestro juicio, el valor de un simple tr√°mite policial de procedimiento administrativo-instructivo, que sirve para obtener un elemento de convicci√≥n, a fin de establecer la existencia del hecho delictivo; pero que carece de eficacia probatoria para condenar a una persona. El profesor universitario y ex ‚ÄĒjuez rector del Circuito Judicial Penal del √Ārea Metropolitana de Caracas, Dr. Frank E. Vecchionacce I., en su sobresaliente monograf√≠a Ofertas de Pruebas, publicada en la revista de las Cuartas Jornadas de Derecho Procesal Penal, de la Universidad Cat√≥lica Andr√©s Bello de Caracas, afirma que ‚Äúla oferta de pruebas ser√° tambi√©n violatoria, (Omissis), si es equivoca, es decir, si se propone un medio de prueba desnaturaliz√°ndose, como cuando se ofrece como testigo al experto, o al rev√©s, o cuando se ofrece como documento lo que, por esencia, no es documento, o cuando se ofrece como experticia lo que es inspecci√≥n, etc.‚ÄĚ. (Lo subrayado es m√≠o). ¬ŅHay contradicci√≥n en la etapa preparatoria? Por supuesto. No obstante dicho principio tiene lugar sin las garant√≠as de la publicidad, o la inmediaci√≥n y la concentraci√≥n, por cuanto, √©stos son garant√≠as propias de la prueba como tal, y no actos de investigaci√≥n. Por ello al ser incorporadas ilegalmente con el car√°cter de prueba documental se infringe el principio de la legalidad de las pruebas. En la fase introductoria o preparatoria, en la actividad probatoria, en principio no interviene el juez, a excepci√≥n claro est√° de los procedimientos de anticipos de pruebas, o en los casos en los cuales se afecte alg√ļn derecho de las partes. A nuestro modo de ver, cuando el Juez de Control, admite las actas de entrevistas efectuadas a ‚Äėtestigos‚Äô, como pruebas documentales, y √©stas son valoradas en su materializaci√≥n por el Juez de Juicio, se incumple en forma absoluta, el principio de oralidad y el de inmediaci√≥n, aparte del principio de legalidad de prueba; debido a que dichas entrevistas, efectuadas por ante el despacho del fiscal del Ministerio P√ļblico, o en la sede de los √≥rganos policiales auxiliares del Ministerio P√ļblico, permitir√° sustentar el acto conclusivo que deber√° ser presentado por ante el Juez de Control. Pero carecen de valor probatorio para condenar. Es un error de mucha relevancia equiparar la naturaleza de un acta policial con la de una prueba documental.
    El Dr. Julio El√≠as Mayaud√≥n, en su obra El Debate Judicial en el Proceso Penal, adecuadamente, apunta que ‚Äúsi en un acta policial los funcionarios de investigaci√≥n se√Īalan un acontecimiento descubierto por ellos y vinculado al hecho punible investigado, tales funcionarios deben ser promovidos como testigos y no presentar el acta policial como documento, que no adquiere la caracter√≠stica de prueba para esa fase del proceso‚ÄĚ. (M√≠o son los subrayados).
    Por otra parte, El Dr. Roberto Delgado Salazar, en su obra Las Pruebas en el Proceso Penal Venezolano, explica que ‚Äúlas actas procesales, contentivas de declaraciones u otras actuaciones del proceso, no deben tenerse en puridad como documentos, en el sentido de ser objetos de la prueba documental que se lleva al proceso para reconstruir el hecho materia de la investigaci√≥n o el juicio‚ÄĚ. Coincidimos con el jurista Delgado Salazar, el razonamiento que hace en cuanto a que no hay que confundir los ‚Äúdocumentos procesales‚ÄĚ, con los ‚Äúdocumentos de pruebas o pruebas documentales‚ÄĚ, pues, si a ver vamos, indudablemente, como √©l asevera, todo el expediente es un documento procesal. Del mismo modo nos advierte que en ocasiones el medio de comisi√≥n del delito si constituyen prueba documental, y menciona algunos ejemplos, que nosotros, desde ac√°, amplificamos, pues no solamente constituye prueba documental la falsificaci√≥n de un cheque, sino tambi√©n la adulteraci√≥n de un importe cambiario, la simulaci√≥n de un documento de identidad cometida por funcionario o por un particular, e incluso la destrucci√≥n, ocultamiento o supresi√≥n de documentos. En no pocas oportunidades, el M√°ximo Tribunal de la Rep√ļblica se ha pronunciado en el sentido de que se violenta el principio de la oralidad cuando se ordena la incorporaci√≥n, para su lectura, en el debate oral, de actas de entrevistas efectuadas a informantes en la fase de investigaci√≥n; sin embargo los Jueces de Juicio y de Control, contin√ļan haciendo caso omiso de tales jurisprudencias.

  • EL PRINCIPIO DE IGUALDAD ENTRE LAS PARTES

    (A los Doctores Alberto Herrera Coronel y Gerardo Pérez González, virtuosos y experimentados abogados, cuyas honestidades, honran el foro jurídico nacional, para honra de los carorenses, dedico)

    Si en el proceso penal no hay igualdad entre las partes; no hay garant√≠a alguna de justicia. Por lo dem√°s, el debido proceso, que es un derecho espinoso, peliagudo, comprometido, no existe si los derechos y garant√≠as de las partes, contempladas no solo en la Carta Pol√≠tica Fundamental sino en las leyes; tratados, convenios y acuerdos internacionales, suscritos por la Rep√ļblica, son compelidos, vale acotar, constre√Īidos, forzados, violentados. Por ello, el Dr. Jes√ļs Ram√≥n Quintero, nos recuerda que ‚Äú el deber del Estado de garantizar la justicia es el fundamento del derecho procesal‚ÄĚ. En tal sentido, en el proceso penal, las partes, ded√ļzcase: el fiscal del Ministerio P√ļblico, el querellante, la v√≠ctima, el defensor y el imputado, deben gozar de las mismas oportunidades, teniendo las mismas prerrogativas, para aportar, ofertar y materializar las pruebas, e incuestionablemente, para debatirlas, impugnarlas y disputar la disposici√≥n del Enjuiciador. Cada parte defiende sus alegatos, y como bien lo expresa la Dra. Nelly Arcaya de Land√°ez, ‚Äúla garant√≠a de defensa e igualdad entre las partes est√° interrelacionada con los principios: dualidad de partes, y audiencia, y √©stas no tienen raz√≥n de ser, carecer√≠an de sentido, si estuviesen limitadas para sostener y fundamentar lo que ellas consideren necesario‚ÄĚ. Consciente estoy que la igualdad jur√≠dica es pura ficci√≥n. En el acontecer diario la realidad es otra. No obstante, no debemos dejar en el tintero las consecuencias que trae en el proceso penal, que una de las partes, se le permita la utilizaci√≥n de preceptos y a otra no; ahora bien, profeso la idea seg√ļn la cual el juzgador no deber√≠a equiparar a todos los imputados por igual, porque lo correcto, como lo se√Īalara , en su tesis doctoral, el m√°s grande enciclopedista latinoamericano, humanista patrio olvidado por esta ‚Äúrevoluci√≥n‚ÄĚ, Dr. Luis Beltr√°n Guerrero, es que ‚Äú no se igualen ante la ley el ignorante y el sabio, porque tan hermosa supercher√≠a de igualdad va en detrimento del menesteroso de conocimientos, a quien ni siquiera se puede inculpar de su ignorancia‚ÄĚ. Clarifiquemos este punto: Una cosa es hablar del principio de igualdad entre las partes del proceso penal como el derecho a la defensa que tiene cada una por su lado; y, otra cosa, muy distinta, es el principio de igualdad ante la ley que en materia penal significa que todos los ciudadanos deben ser juzgados bajo las garant√≠as consagradas en la Constituci√≥n Nacional y por un modo legal donde se respete el debido proceso. Sin embargo, en mi opini√≥n, esa ‚Äúigualdad ente la ley‚ÄĚ ha sido m√°s que una ficci√≥n--- como la llama don Luis Beltr√°n Guerrero‚ÄĒun mito, pues, aunque el jurista venezolano Dr. Julio El√≠as Mayaud√≥n, sostenga en su abra El Debate Judicial en el Proceso Penal, que antes ‚Äúse nos juzgaba de acuerdo a tres categor√≠as procesales: 1. Delincuentes Comunes; 2. Procesados Privilegiados de Cuello Blanco; 3. Narcodelincuentes; y, una cuarta categor√≠a los que eran juzgados seg√ļn la perecida Ley de Vagos y Maleantes‚ÄĚ. (Citado de memoria). Los primeros nombrados por el Dr. Mayaud√≥n Grau, ‚Äúse les aplicaba el C√≥digo penal y el C√≥digo de Enjuiciamiento Criminal‚ÄĚ; a los segundos, ‚Äúla Ley Org√°nica de Salvaguarda del Patrimonio P√ļblico‚ÄĚ, hoy Ley Contra la Corrupci√≥n; estos consegu√≠an ser enjuiciados en ausencia, y la m√°s de las veces, eran absueltos. A los terceros, nos recuerda el citado autor, eran sometidos por la Ley Org√°nica sobre Sustancias Estupefacientes y Psicotr√≥picas; hoy Ley Org√°nica contra el tr√°fico Il√≠cito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotr√≥picas, y citando a los doctores Carmelo Borrego y Elsie Rosales, sostiene que a los imputados sometidos a este procedimiento, no se le permit√≠a ‚Äú ning√ļn tipo de beneficio de libertad, donde las condenas reca√≠an en sujetos por tenencias de m√≠nimas cantidades de droga, con jueces presionados por la represi√≥n de la opini√≥n p√ļblica; y mientras todo esto ocurr√≠a, la embestida oficial en nada contribu√≠a a disminuir la problem√°tica de las drogas‚ÄĚ. En cuanto a la Ley sobre Vagos y Maleantes, acertadamente Mayaud√≥n Grau, confirma los abusos abismales que ejerc√≠a el Poder Ejecutivo sobre humildes ciudadanos que por no tener trabajo ‚Äúdefinido‚ÄĚ, podr√≠an ser encarcelados por seis a√Īos. De esta t√©trica ley solo expondremos en estos volanderos comentarios, que nuestro admirado amigo y colega, Jos√© Fernando N√ļ√Īez, actuando en su propio nombre, interpuso por ante la extinta Corte Suprema de Justicia, el 17 de julio de 1985---a siete d√≠as de recibirnos como bachiller de la Rep√ļblica en el Colegio Libertador de Carora--- una solicitud de nulidad por inconstitucionalidad de la Ley sobre Vagos y Maleantes, habiendo sido declarada con lugar, el d√≠a 6 de noviembre de 1997, con ponencia del Magistrado Dr. Humberto J. La Roche. ¬° Admirable la celeridad de la justicia venezolana! Indudablemente que el implemento del sistema acusatorio en nuestro pa√≠s, mejor√≥ la estructura y el procedimiento del proceso penal; mas, en s√≠ntesis, nada ha cambiado. Los privilegiados son tratados de manera distinta a los pendejos. ¬ŅO no? ¬ŅCu√°ntos infelices son privados de su libertad por exiguas posesiones de cantidad de droga? En cambio, otros son beneficiados: ¬ŅNo me creen? Entonces denle una lectura a una decisi√≥n dictada por un Tribunal de Primera Instancia en Funciones de Control del Circuitito Judicial Penal del estado Lara, extensi√≥n Carora, asunto N¬ļ C-10-6495-05, de fecha 02 de Marzo de 2006 (sugiero revisar la p√°gina Web del Tribunal Supremo de Justicia, Regi√≥n Lara, para mayor informaci√≥n), donde a un alto funcionario del Ejercito Nacional, a quien el Ministerio P√ļblico le imputara el delito de Transporte Il√≠cito Agravado de Sustancias Estupefacientes y Psicotr√≥picas en grado de Cooperador , el Juez de Control, a petici√≥n del Ministerio P√ļblico, le concedi√≥ un privilegio que no gozaron las otras personas presuntamente involucradas en el il√≠cito penal mencionado. Y eso que se trataba del tr√°fico de 2000 panelitas de Coca√≠na. Nada menos. Tal vez por ello, el jurista venezolano, Dr. Alberto Arteaga S√°nchez, sostenga en su obra Estudios de Derecho Penal, que no hay ‚Äúnada m√°s distante de la realidad‚ÄĚ que la invenci√≥n de que ‚Äútodos somos iguales frente a la ley penal‚ÄĚ. Desde tiempos pret√©ritos, la ley se emplea, o se utiliza ‚Äús√≥lo a un reducido grupo de personas que tienen como nota com√ļn la pobreza y la marginalidad.‚ÄĚ El acad√©mico y afamado profesor Arteaga S√°nchez, toca la llaga social, cuando sentencia que en √©ste pa√≠s, ‚Äúlas redes de la justicia penal s√≥lo capturan a los pobres‚ÄĚ, sencillamente, porque ‚Äúlos poderosos econ√≥micamente o pol√≠ticamente no caen en la maquinaria de la justicia penal‚ÄĚ. Cierto que ya los √≥rganos policiales no instruyen expedientes, pero los abusos y atropellos que ellos comet√≠an, ahora son cometidos por quienes tienen el deber, sagrado deber, y la obligaci√≥n de velar por el respeto de los derechos humanos: el Ministerio P√ļblico. Son contad√≠simas las excepciones. En todo caso, ¬Ņ En que se cimienta el principio de igualdad entre las partes? El legislador procesalista penal estableci√≥ que los jueces deben garantizar el derecho de la defensa sin preferencia ni desigualdades (Ver: Art√≠culos 12 del COPP y 19, 21 Ordinales 1 y 2; 49 Ordinales 3 y 4 de la CNRBV). El Estado a trav√©s del Ministerio P√ļblico, defiende los intereses de la v√≠ctima y el defensor, p√ļblico o privado, las del imputado. Cada una de las partes vendr√° al proceso con sus ‚Äúarmas‚ÄĚ; y para darle cumplimiento al debido proceso, el juez est√° obligado a garantizarle adem√°s de su imparcialidad, que ser√°n tratados en paridad de circunstancias, teniendo cada una de ellas las mismas oportunidades de defensa. En el debate oral que se produzca, debe existir equilibrio, de modo que ninguna de las partes, est√© en indefensi√≥n frente a la otra. Empero, no debe confundirse la igualdad que debe prevalecer entre las partes y la igualdad ante la ley, pues, el mismo Arist√≥teles, citado por el jurista italiano Luigi Ferrajoli, ya asentaba que ‚Äúlo equitativo, si bien es justo, no lo es de acuerdo con la ley, sino como una correcci√≥n de la justicia legal‚ÄĚ. Este principio, el de igualdad entre las partes, tiene sus excepciones: en la fase preparatoria o introductoria, por ejemplo, el Ministerio P√ļblico, por una raz√≥n de resguardo de la investigaci√≥n, puede reservase las actuaciones (Art. 304 del COPP) para garantizar los resultados del juicio. Claro est√°, esa reserva es limitada. No es absoluta. Ello porque el principio de igualdad entre las partes, garantiza que √©stas, tendr√°n los mismos medios de ofensiva o embate y de resguardo para hacer valer sus defensas y medios de pruebas. Respecto al principio de igualdad, la m√°xima instancia judicial del pa√≠s, ha sostenido, en oportunidades diversas que ‚Äúel derecho a la igualdad implica brindar el mismo trato a todas las personas que se encuentran en id√©nticas o semejantes condiciones, por lo que aquellos que no se encuentren bajo tales supuestos podr√≠an ser sometidos a un trato distinto, lo que hace posible que haya diferenciaciones leg√≠timas, sin que tal circunstancia implique per se discriminaci√≥n o vulneraci√≥n del derecho a la igualdad‚ÄĚ (Ver: Sentencias n√ļmeros 972 del 9 de Mayo de 2006; 1.197 del 17 de Octubre de 2000; 266 del 17 de Febrero de 2006; 2502 del 5 de Agosto del 2005; 3005 del 14 de Octubre del 2005; 607 del 20 de Octubre de 2005, entre otras, de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia). Ello justifica legalmente que a algunos penados o imputados-acusados, se les conceda beneficios procesales, medidas cautelares sustitutivas de libertad, y a otros no; valga por ejemplo: una persona de 18 a√Īos de edad, que cometa un delito de los contemplados en la vigente Ley Org√°nica contra el tr√°fico Il√≠cito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotr√≥picas, relacionado al tr√°fico o distribuci√≥n, y en el acto de la audiencia preliminar, decide acogerse al procedimiento especial de Admisi√≥n de los hechos, y no obstante que es menor de 21 a√Īos, no tiene antecedentes penales, es poseedor de una conducta predelictual intachable, a√ļn as√≠, el juez ‚Äú no podr√° imponer una pena inferior al l√≠mite de aquella que establece la ley para el delito correspondiente‚ÄĚ. En nuestra opini√≥n, consideramos que al circunscribir la rebaja de la pena al l√≠mite m√≠nimo, se transgrede el principio de la igualdad procesal, a pesar que el legislador procesalista penal haya impuesto supuestos distintos a los justiciables. No siempre lo nomot√©tico o leg√≠timo equivale a justicia. Este criterio lo hemos ampliado en anterior ocasi√≥n, sin haber encontrado apoyo doctrinal alguno.* En otras palabras, si el legislador considera que el trato desigual de los justiciables es por una ‚Äúfinalidad especifica‚ÄĚ y ‚Äúrazonable‚ÄĚ, no existe violaci√≥n constitucional alguna al principio de igualdad ante la ley. ¬ŅAcaso no hay segregaci√≥n? ¬ŅNo hay aislamiento de los principios generales del Derecho? Muchas son las razones criminol√≥gicas, socioecon√≥micas y pol√≠ticas que se invocan para el establecimiento heterog√©neo de los justiciables, no obstante, insistimos: no siempre lo leg√≠timo es lo justo. (AEV-Torres).

    Notas de pie de p√°ginas:

    * Ver: Pereira Meléndez, Leonardo. Sobre La Reforma del COPP. Editorial El Hombre y El Signo. Bogotá, Colombia. 2002.

  • LA MOTIVACI√ďN DE LA SENTENCIA

    La motivaci√≥n de la sentencia, constri√Īe al sentenciador a mostrar y revelar las evidencias que lo estimularon admitir o excluir determinados elementos de hecho, y asumirlos o no asumirlos bajo determinadas normas jur√≠dicas; en raz√≥n de ello, las decisiones dictadas por los √≥rganos jurisdiccionales, deben ser motivadas en hecho y en derecho. Seg√ļn el criterio del jurista y analista Dr. Jorge Rogers Longa Sosa, ‚Äúla enunciaci√≥n de los hechos deducidos en la acusaci√≥n no basta‚ÄĚ, porque el Magistrado debe exteriorizar, vale acotar, exponer que ha considerado para tomar su decisi√≥n, ‚Äúlos hechos mismos y sus circunstancias en todos los elementos que interesan al juicio (elemento material y elemento ps√≠quico)‚ÄĚ, revelando el origen de su convencimiento, que por otra parte, debe ser fidedigno, cierto, acreditado, y asentarse en los resultados del juicio oral y p√ļblico. ¬ŅEn qu√© consiste la motivaci√≥n de la sentencia? B√°sicamente en explicar con pelos y se√Īales, cada uno de los motivos legales por los que, el sentenciador considera que debe ser empleada determinada norma jur√≠dica. ¬ŅPara qu√© sirve la motivaci√≥n de la sentencia? Francesco Carnelutti, nos da la respuesta en su excelsa obra Derecho Procesal Civil y Penal, en el sentido de que la motivaci√≥n ‚Äúsirve para garantizar la justicia o cuando menos la ponderaci√≥n de la decisi√≥n como para permitir la cr√≠tica de ella, la cual no es ni debe ser obra del p√ļblico sino exclusivamente de las regiones del proceso‚ÄĚ. Por otro lado, Claus Roxin, en su obra Derecho Procesal Penal, nos advierte que la motivaci√≥n o fundamentaci√≥n de la sentencia, tiene varios significados: ‚ÄúA) Debe mostrar a los participantes que se ha administrado justicia. B) Coloca a las personas autorizadas para impugnar en condiciones de emitir un juicio correcto sobre la interposici√≥n de recursos. C) Hace posible que la instancia superior examine la sentencia. D). A trav√©s de una descripci√≥n clara del hecho, garantiza el ne bis in √≠dem. E) Proporciona a las autoridades de la ejecuci√≥n puntos de apoyo para el tratamiento del condenado.‚ÄĚ En definitiva: no hay justicia, no se hace justicia, cuando el dictamen es inmotivado. La inmotivaci√≥n de la sentencia, que es un menoscabo insubsanable, quebranta el derecho a la tutela judicial efectiva, pues no alcanza su finalidad constitucional. El juez, siempre que el √≥rgano jurisdiccional est√© constituido por un Tribunal Unipersonal, o los jueces, en caso de estar constituido por un Tribunal Mixto, tiene el compromiso y la necesidad de manifestarles a las partes, bajo la √≥ptica de una explicaci√≥n precisa, pormenorizada y trasl√ļcida, las razones o alegatos, del por qu√© atiende los pedimentos de una de las partes y objeta los de la otra; y estos raciocinios tienen que llevar al conocimiento de las partes los postulados que le hacen imponer la resoluci√≥n en el sentido mencionado. La motivaci√≥n de la sentencia debe ser precisa, circunspecta, abstra√≠da, sobria, absorta, y, naturalmente, l√≠mpida; por tanto, unos argumentos mostrencos y blandengues, jam√°s sostendr√°n una decisi√≥n tribunalicia. Al respecto, se ha dicho que lo m√°s significativo de las sentencias no es el fallo, sino la motivaci√≥n en la que el fallo expuesto se justifica mediante comprobaciones. En resumen, la motivaci√≥n de la sentencia es una condici√≥n sine qua non para el ejercicio de la defensa t√©cnica y material ejercidas por las partes. De all√≠ que, nuestra ley adjetiva penal, consagra la exacci√≥n o requerimiento de la expresi√≥n de dichos motivos, bajo la enunciaci√≥n de la manifestaci√≥n de los distintos fundamentos de la sentencia. En otras palabras, los motivos son los fundamentos, requeridos e intimados, entre otras, en las disposiciones de la ley adjetiva penal actual: Art√≠culo 254, encabezamiento; numerales 3 y 4; Art√≠culo 364, numerales 3 y 4; 324, numeral 3. Sin lo cual, como ya expresamos, no hay justicia. En efecto, todos los pronunciamientos jurisdiccionales, originados como bien se sabe por controversias o conflictos sociales, afectan derechos subjetivos y objetivos de las partes, por lo cual, es menester, como lo expresa el jurista Dr. Jos√© Luis Tamayo Rodr√≠guez, que esa afectaci√≥n sea ‚Äúdebidamente motivada o fundamentada‚ÄĚ, postura que compartimos nosotros, por cuanto de no ser as√≠, estar√≠amos en presencia de la m√°s inurbana y flagrante violaci√≥n del derecho de defensa de las partes; as√≠ como el derecho a conocer las razones por las cuales el juez emitiera un fallo a favor o en contra de algunas de ellas. La motivaci√≥n es el malec√≥n del desafuero de los jueces. Los sentenciadores no pueden obviar el estudio, la exhibici√≥n y disposici√≥n de las distintas explicaciones esgrimidas por el fiscal del Ministerio P√ļblico, el querellante‚ÄĒcuando la v√≠ctima se haya querellado--- y el defensor t√©cnico para la soluci√≥n del juicio; y, no pueden sustraerse de la obligada exposici√≥n y correcta aplicaci√≥n de las normas jur√≠dicas y de los principios generales del Derecho Procesal Penal Moderno al momento de enunciar sus decisiones. Ciertamente, en nuestro proceso penal, est√° consagrado el sistema de la libre convicci√≥n o libre valoraci√≥n de la prueba, esto es, el juez es libre de justipreciar las pruebas en el momento de la formaci√≥n de su convencimiento; no obstante, esa libertad no es absoluta sino delimitada, pues no lograr√° decidir como le venga en gana, toda vez que no podr√° suplir las pruebas practicadas por su simple opini√≥n, ya que , como lo dispone el Art. 22 del COPP, el juez deber√° apreciar las pruebas seg√ļn la sana cr√≠tica, observando las reglas de la l√≥gica, los conocimientos cient√≠ficos, y las m√°ximas de experiencia, con criterio racional, que en su conjunto exigen que la sentencia se motive expresamente el razonamiento por el sentenciador para obtener su convencimiento. En tal sentido, el jurista espa√Īol Manuel Miranda Estrampes, en su obra La M√≠nima Actividad Probatoria en el Proceso Penal, se√Īala, entre otras cosas, que el sentenciador est√° obligado a ‚Äúexteriorizar el razonamiento probatorio empleado, plasm√°ndolo en el texto de la sentencia como √ļnica forma de controlar su racionalidad y coherencia‚ÄĚ. As√≠ pues, la motivaci√≥n de la sentencia no puede ser producto de la arbitrariedad sino ‚Äúfruto de un proceso mental razonado‚ÄĚ. Es deber insoslayable del tribunal explicar cu√°les fueron los criterios racionales empleados para adoptar la consumaci√≥n final. Claro est√°, sin dejar en el tintero que la motivaci√≥n f√°ctica de la sentencia, tambi√©n implica, que el juzgador debe expresar cu√°les son las bases probatorias que sirven de fundamento a la declaraci√≥n de hechos probados recogidos en la sentencia, a fin de evitar desconcierto en su decisi√≥n, arbitrariedad y, obviamente, que se dicten fallos basados √ļnicamente en su opini√≥n personal o como dice el autor italiano Mario Viario, ‚Äúconfiando exclusivamente en su propia conciencia personal‚ÄĚ. La motivaci√≥n, l√≥gicamente, no debe ser equ√≠voca, ambigua, vaga e inadecuada, porque aparte de constituirse en un absurdo del tama√Īo del Obelisco de Barquisimeto, ser√≠a violatorio de preceptos legales. No es cierto que los juzgadores tengan plenos poderes en la apreciaci√≥n de las pruebas; ello qued√≥ despejado. Porque, como hemos dicho, esa libertad probatoria no es absoluta sino demarcada, limitada, en tanto que su soberan√≠a no es discrecional sino jurisdiccional, como bien lo ha establecido la jurisprudencia de la Sala de Casaci√≥n Penal del Tribunal Supremo de Justicia, el cual, ha expresado que para una correcta motivaci√≥n, no debe faltar: ‚Äúl.- La expresi√≥n de las razones de hecho y de derecho en que ha de fundarse, seg√ļn el resultado que suministre el proceso, y las normas legales pertinentes;2.- que las razones de hecho est√©n subordinadas al cumplimiento de las previsiones establecidas en la Ley Adjetiva Penal; 3.-que la motivaci√≥n del fallo no debe ser una enumeraci√≥n material e incongruente de pruebas, ni una reuni√≥n heterog√©nea o incongruente de hechos, razones y leyes, sino un todo arm√≥nico formado por los elementos diversos que se eslabonen entre s√≠, que converjan a un punto o conclusi√≥n, para ofrecer base segura y clara a la decisi√≥n que descansa en ella; y 4.- que en el proceso de decantaci√≥n, se transforme por medio de razonamientos y juicios, la diversidad de hechos, detalles o circunstancias a veces inveros√≠miles y contradictorias, en la unidad o conformidad de la verdad procesal.‚ÄĚ (http: www.tsj.gov.ve/decisiones/scp/mayo/C06-0025-186.htm. Ponencia: Magistrado Dr. H√©ctor Manuel Coronado Flores. Sala de Casaci√≥n Penal). ¬ŅExiste, realmente, la objetividad e imparcialidad en los juzgadores? La naturaleza nos cre√≥ con libre arbitrio. Somos humanos y no robots. Los jueces tienen sentimientos. Son humanos. Son personas. Con virtudes y defectos. Ello justifica que el sentenciador deba motivar, explicar, convencer en primer lugar, a las partes, y luego, al p√ļblico espectador, que su dictamen no es un capricho ni mucho menos una arbitraria imposici√≥n tribunalicia. Por lo dem√°s, √©sta garant√≠a la concibe, doctrinariamente, la Sala de Casaci√≥n Penal del Tribunal Supremo de Justicia, (Vid. Sentencia N¬ļ 046 del 11 de Febrero de 2003) al dejar asentado que: ‚Äú La motivaci√≥n, propia de la funci√≥n judicial, tiene como norte la interdicci√≥n de la arbitrariedad, permite constatar los razonamientos del sentenciador, necesarios para que el acusado y las dem√°s partes, conozcan las razones que le asistan, indispensables para poder ejercer con propiedad los recursos y, en fin, para poder determinar la fidelidad del juez con la ley. Por consiguiente, tiende a la incolumidad de principios fundamentales como el derecho a la defensa, a una sentencia justa e imparcial y a los principios de tutela judicial efectiva‚ÄĚ. A criterio de quien suscribe, los Magistrados que mejor han explicado la importancia de la motivaci√≥n de la sentencia‚ÄĒhasta la presente fecha--- han sido: el ex ‚ÄďMagistrado Dr. Jorge L. Rosell Senhenn y el a√ļn Magistrado Dr. Alejandro Angulo Fontiveros. Entiendo que es una actitud muy subjetiva; sin embargo, invito al lector leer las sentencias dictadas por la Sala de Casaci√≥n Penal del Tribunal Supremo de Justicia, en las fechas subsiguientes: 08 de Febrero de 2000; 19 de Enero de 2000; 15 de Marzo de 2000; 31 de Marzo de 2000; y 08 de Marzo de 2000, a fin de saber de buena tinta si mis asertos carecen de congruencia, y si est√°n debidamente cimentados. Ahora bien, ¬ŅDesde cu√°ndo es obligatorio motivar las sentencias? Luigi Ferrajoli, mentor de la Universit√† degli Studi Roma Tre, expone en su obra Derecho y Raz√≥n, algunas consideraciones hist√≥ricas en la que plantea que la necesidad de motivar las medidas o sentencias judiciales, ‚Äúfue sancionada por primera vez en la Pragm√°tica de Fernando IV de 27 de Septiembre de 1774; despu√©s por el Art. 3 de la Ordonnance criminelle de Luis XVI de 1 de Mayo de 1788; posteriormente, por las leyes revolucionarias de 24 de agosto y 27 de noviembre de 1790 y por el Art. 208 de la Constituci√≥n francesa de 1795, y, por fin, recibida a trav√©s de la codificaci√≥n napole√≥nica por casi todos los c√≥digos decimon√≥nicos europeos‚ÄĚ, hasta expandirse en casi todos los c√≥digos adjetivos penales del mundo occidental, con muy reducidas excepciones.

    Nota Bene: Como ya advertimos en nuestra columna anterior: se va a aprobar la reforma constitucional, y nada se dice en los 33 artículos propuestos por el Presidente Hugo Chávez Frías, acerca de la necesaria creación del Tribunal Superior o Tribunal Constitucional Supremo que tendría como función primordial, en líneas generales, velar por el fiel respeto de los derechos constitucionales, sustantivos y adjetivos de los ciudadanos; por una parte, y por otra, controlar la legalidad de los procedimientos y las decisiones inclusive del Tribunal Supremo de Justicia.

  • LA DISPUSTA DEL LENGUAJE CON LA IMPLACABLE MEMORIA

    Por: Juandemaro Querales

    Hablar de poesía en Venezuela, en momentos de convulsión social y política, es meterse en camisa de once varas. Hay algo atravesado por allí que ha impedido el desarrollo natural de todas las formas de expresión, en el estrecho mundo de la creación. Para recrear la evolución de nuestras letras en la provincia lejana, es más complicado, al menos cuando se parte de un pueblo situado en los límites de la pre-modernidad, en tránsito entre monarquía e ilustración francesa. Carora verdadero endriago, error histórico donde prendió corrientes y modas en la elaboración de códigos referenciales.

    De ese enrevesado y enmallado universo de la representaci√≥n, hay una generaci√≥n y un representante destacado que ha perseverado -a pesar de emboscadas que le ha deparado el destino- y con el correr de los a√Īos puede mostrar un largo cat√°logo de t√≠tulos en prosa y en verso que hacen interesante el discurso creativo en la Venezuela preterida: √©ste no es otro que Leonardo Pereira Mel√©ndez.

    Su corpus literario comprende cuatro libros de poes√≠a: Nostalgia de Eros (1.989); Lacerado (1.999); Confesiones de Media Luna (1.999); Escozor (2.002); Paloma de Luto (2.006); ‚ÄúYo soy hijo de Gregoria Mel√©ndez‚ÄĚ (1.985). La prosa reunida en cuatro libros: ‚ÄúSobre la reforma del COPP‚ÄĚ; ‚ÄúElucubraciones de un Carore√Īo‚ÄĚ (1.992); ‚ÄúCorte de Apelaciones‚ÄĚ (2.000); ‚ÄúFrente al boulevard es la cosa: letras, derecho, pol√≠tica‚ÄĚ (2.004); donde se recogen ensayos, discursos, notas volanderas para peri√≥dicos.

    Su poes√≠a ha ido madurando de libro en libro, como lo reconoce el cr√≠tico victoriano Miguel Prado en su estudio: ‚ÄúLos Demonios Interiores en la poes√≠a de Leonardo Pereira Mel√©ndez‚ÄĚ (1). Pasar de un reino ed√©nico, intocado a un infierno pagano de escorias y p√ļstulas, reunidas en la abyecci√≥n de vidas y objetos; preanuncian la desaparici√≥n de esta tierra de gracia: ‚ÄúEscozor‚ÄĚ, es el grito ensordecedor de una fiera herida desde el √ļtero ‚Äďprisi√≥n-, para desde all√≠ poner en tela de juicio a una tribu y a sus oficiantes, erigidos en tetrarcas de una religi√≥n devaluada en los c√°nones de la l√≥gica y la emp√≠rea.

    Poeta que ha se√Īalado insistentemente que su numen es el amor carnal y la mujer. Novia -viuda-, reina de las profec√≠as; Mar√≠a Ezra de Magdala; simbolog√≠a templaria que sirve para introducir de soslayo burdeles y burdeleras; como un nuevo Donne o mejor un Villon, este voyerista viaja como un Caronte amerindio por los r√≠os del infierno que tiene su morada entre la cuarta batea en la otra banda hasta la cueva del chirico.

    Quien busque en sus p√°ginas retru√©canos, capic√ļas, acr√≥sticos y un c√≥digo secreto de la santa hermandad teutona; lo prevengo a fin de decirle que estos rollos de nuestro mar muerto, constituyen historias salteadas de una protohistoria ideada por este zelote y ser√° polvo, cuando dejemos nuestra herencia documental y archivadora de cu√°nto hecho balad√≠ y pueril nos acaezca, y venga este aguafiestas y la incluya en su Arts Po√©tica.

    Cuando al poeta la realidad le cobr√≥ su atrevimiento de imponer penas al bestiario; su cuerpo fue baldado y colgado all√≠ como cualquier malhechor; transmigrando su alma en un trovador que va de aldea en aldea, bautizando y dando los santos √≥leos, a los herejes que todav√≠a batallan contra la religi√≥n verdadera. Poes√≠a de blasfemo que aunque arda en le√Īa verde, se solaza y se burla de sus captores y los incluye en ‚ÄúEscozor‚ÄĚ, y en este libro salm√°tico ‚ÄúPaloma de Luto‚ÄĚ como N√©mesis a sus verdugos.

    Sus vol√ļmenes de Prosa, constituyen un mosaico de variedades: ensayos, monograf√≠as, discursos y notas volanderas; es un poutpurr√≠ de estilos. Tejido verbal que sigue una rica tradici√≥n venezolana de aglomerar trabajos inicialmente hechos para ser le√≠dos en prensa: Ludovico Silva, Lu√≠s Beltr√°n Guerrero, Guillermo Mor√≥n, Arturo Uslar Pietri, son las cumbres m√°s elevadas de esta modalidad azorinesca.

    Pereira Mel√©ndez ha mantenido una l√≠nea continuada, para revelarnos su mente caleidosc√≥pica: ‚ÄúYo soy hijo de Gregoria Mel√©ndez‚ÄĚ; ‚ÄúElucubraciones de un Carore√Īo‚ÄĚ; ‚ÄúCorte de Apelaciones‚ÄĚ; ‚ÄúFrente al boulevard es la cosa‚ÄĚ; asemeja al curso seguido por su producci√≥n po√©tica, cosa extra√Īa en una sociedad caracterizada por escritores y poetas fan√°ticos o amateur, que no pasan de ser simples aprendices, autores de un solo libro.

    Para un pa√≠s y dentro de √©l la regi√≥n Larense, es importante el que un representante o una tendencia o movimiento, entre comillas, trate de sobrevivir como un viejo saurio despu√©s de la √ļltima glaciaci√≥n, es una ganancia para la escasa cultura que se viene haciendo. Deformidad que tiende a agravarse porque se ha entronizado entre nosotros visiones trasnochadas, sobre el arte y c√≥mo organizar la sociedad se aplican en la actualidad.

    Escribir para la prensa no es malo per se, pero es un trapiche que muele a cualquiera con el correr de los a√Īos; la llegada de un diarismo dado a explotar las voluptuosidades del cuerpo femenino, la trivializaci√≥n de la cotidianidad, la censura y la autocensura, preparan la mesa para enterrar definitivamente el trabajo inaugurado por los rom√°nticos con su trabajo mejor logrado el follet√≠n por entregas.

    Una región con tradición de buenos ensayistas y poetas, tuvo que influir como efecto reflejo en las más jóvenes promociones de escritores; humanistas como Guerrero, Mujica y Morón; son modelos para verse reflejado en los trazos de unas líneas ingenuas e impresionistas, para después ganar la madurez que da la formación y los exigentes lectores, para escribir con voz propia como Montaigne, Pascal, Paz o el Borges de los prólogos a sus libros.

    De sus libros en prosa ‚Äďhay uno que se salvar√° de las hogueras- del implacable paso del tiempo, que todo lo horada: ‚ÄúCorte de Apelaciones‚ÄĚ, prosa fluida con predilecci√≥n por estructuras narrativas; Pereira Mel√©ndez se salta los c√°nones cl√°sicos para usar la primera persona, revelando una intimidad a sus desprevenidos lectores, sin los feos gerundios, con pocos que galicados, echando mano al ludismo para escribir como los cl√°sicos del siglo de oro espa√Īol, ‚ÄúEl busc√≥n‚ÄĚ de Quevedo; ‚ÄúLos entremeses‚ÄĚ de Cervantes o ‚ÄúEl Retablo de Maese Pedro‚ÄĚ del Quijote.

    Sus √ļltimas colecciones de prosa, producen flojera en sus desocupados lectores, porque toman por asalto los est√©riles y manoseados temas jur√≠dicos; Tulio Chiossone, Elio G√≥mez Grillo, Hans Kelsen; obligan a saltarse las p√°ginas. Monograf√≠as -que est√°n de m√°s- material para un texto independiente, prosa dura, sin elegancia, que al √ļnico que le dio resultado fue a Frank Kafka ‚ÄúEl proceso‚ÄĚ y ‚ÄúEl Castillo‚ÄĚ, nos recuerdan esos pesados legajos de argucias y citas adocenadas, que integran el discurso opresor. Cuando el autor se vacune de estas pedanter√≠as de este discurso olvidado, nos dar√° de seguro el t√≠tulo de su obra que subir√° al olimpo, para hacerle compa√Ī√≠a a: ‚ÄúDe la Conquista a la Independencia‚ÄĚ de Pic√≥n Salas; ‚ÄúLa M√°scara, La Transparencia‚ÄĚ de Guillermo Sucre. Este recorrido es incompleto, si no hacemos referencia a la academia, claustro finisecular que nos hizo a muchos de nosotros, para perpetuar o sepultar los pactos sociales; la academia napole√≥nica luce moribunda; la transici√≥n del racionalismo burocr√°tico Weberiano a la virtualidad Toffleriana; una esquizofrenia ocupa esta sociedad amn√©sica y pueril. Los preceptos liberales de igualdad, propiedad, libertad, ganancia, se abandonaron, nunca se intelectualizaron, a pesar de los esfuerzos de Antonio Leocadio Guzm√°n en el peri√≥dico ‚ÄúEl Venezolano‚ÄĚ a partir de 1.840.

    En esta encrucijada de v√≠as, algunos necios han lanzado la conseja de plebeyizar estos instrumentos, creaci√≥n m√°s acabada de la modernidad, anacronismo que busca acabar de una buena vez; gracias a la Teor√≠a reproductora Marxista, f√≥sil anal√≠tico que buscar√≠a aplanar a estos recintos para convertirlos en escuela de artes y oficios de la modernidad; desdibujar al productor y divulgador del conocimiento cient√≠fico, convirti√©ndolo en un paria in√ļtil para colocarlo en el gueto que hoy ocupan: blancos, escu√°lidos, pro-norteamericanos y cualquier otra monserga que se les ocurra a los censores. Final en un acto de Birbiloque.

    De esta academia -de reciente creación entre nosotros- la preocupación por el arte y la literatura se potenció, provocando un renacer como nunca de la creación en todos los órdenes de las musas, también la tendencia a la crítica, la impugnación y el carácter emancipatorio, que muchos hemos asumido para evitar que pasemos de anomia a entropía.

    Octubre 2.007

    (1) Prado, Miguel: Los Demonios Interiores en la poesía de
    Leonardo Pereira Meléndez. Ateneo de Carora
    ‚ÄúGuillermo Mor√≥n‚ÄĚ. Barquisimeto. 2.007

  • LOS DEMONIOS INTERIORES EN LA POES√ćA DE LEONARDO PEREIRA MELENDEZ

    LOS DEMONIOS INTERIORES EN LA POES√ćA DE LEONARDO PEREIRA MEL√ČNDEZ

    (Libro escrito por el escritor Miguel Prado, editado por el Ateneo de carora "Guillermo Morón" en 2007

    DIRECCI√ďN EDITORIAL
    MIGUEL PRADO

    DIAGRAMACI√ďN
    YENEYDIS E. PEREIRA M.

    Ilustración de Carátula

    ________________________________________

    Primera Edición 2.007
    © Miguel Prado
    © Editorial Berkana
    Apartado de Correos 233 C.P. 2121 ‚Äď A
    La Victoria ‚Äď Edo. Aragua
    Venezuela
    _________________________________________

    Impreso en Venezuela

    AGRADECIMIENTO

    Deseo expresar mi gratitud a los familiares de Leonardo Pereira Mel√©ndez, Juandemaro Querales, Doraima Jayaro y los miembros del Ateneo de Carora ‚ÄúGuillermo Mor√≥n‚ÄĚ, por su apoyo, mediante el cual hicieron posible la edici√≥n de este libro.

    ‚ÄúConozco gran parte de la obra po√©tica de Leonardo Pereira Mel√©ndez, pero siendo sincero, considero que este volumen es una muestra de su transitar por la madurez buscada, aqu√≠, en estos versos se hace gala de un cuidadoso trabajo‚ÄĚ.

    Juandemaro Querales
    ‚ÄúLacerado‚ÄĚ

    ‚ÄúLa poes√≠a de Leonardo Pereira Mel√©ndez tiene el don de comunicar vivencias, sue√Īos y preocupaciones de un hombre de esto tiempos. Se revela all√≠, lo que acontece en el mundo m√°s lejano y m√°s cercano. Un hondo sentimiento vital, hace de este trabajo po√©tico, imagen trasparente de un creador que arriesga oficio, en b√ļsqueda permanente por enaltecer con sus letras cada paso ofrendado en la vida‚ÄĚ
    Eddy Rafael Pérez
    ‚ÄúConfesiones a media luna‚ÄĚ
    Celebratorio.

    INTRODUCCI√ďN

    Al hacer un recordatorio por la m√°s reciente poes√≠a venezolana, notamos que ha existido un auge relativamente progresivo, paralelamente la cr√≠tica literaria no avanza con el ritmo en manuales y ensayos, estudios sistem√°ticos y conferencias dentro y fuera del continente. Dentro de esa fauna de noveles escritores emerge Leonardo Pereira Mel√©ndez, quien llega a la media docena de libros, repartidos entre la poes√≠a y el ensayo; situaci√≥n que ha despertado el inter√©s para hacer un recorrido sobre algunos aspectos relacionados con su obra en general, tal cual como podemos ubicar en su quehacer creativo. Una de las tantas inquietudes que podemos citar es una incursi√≥n en la investigaci√≥n literaria y en su permanente b√ļsqueda de arreglar razonamientos significativos en torno a su evoluci√≥n est√©tica. Otro instrumento es el de su pasant√≠a por los talleres literarios y el camino de la tutor√≠a por parte de escritores como Tito N√ļ√Īez Silva, Eddy Rafael P√©rez y Juandemaro Querales, quienes se han preocupado por brindarle a su iniciativa intelectual el peso especifico de la escritura.

    Aunque Leonardo Pereira Meléndez es un escritor de las nuevas promociones literarias, podemos enfocar este trabajo sobre las premisas de su actividad como ensayista y para concluir en su orbe poético reciente: el autor de una muestra inédita nos permite dar un viaje por la totalidad de su poesía y de su curioso libro de ensayos Corte de Apelaciones.

    De las lecturas de sus escrituras en permanente crecimiento, nos permitimos desentra√Īar situaciones relevantes en su transitar hacia un rito de la palabra m√°s prodigioso, apreciando que con el correr del tiempo podr√≠a alcanzar trabajos m√°s ambiciosos y de designios imperecederos.

    La intuición investigativa nos hace presumir que el autor de Lacerado, como un oficiante de letras, ayuda a la compresión de la historia que día a día nos involucra en nuestro destino como ciudadano de un país que trata de entrar al siglo con otra visión, tratando de asimilar lo que se viene haciendo luego de la postvanguardia como forma de modelo escriturario.

    Al tratar de dar una visión sobre el objeto literario emprendido formalmente por Leonardo Pereira Meléndez, deseamos presentar el perfil de los elementos que dan cuerpo a su obra, donde él vacía sus tratados positivos, aportando una visión elemental de las subjetividades del entorno. Esto ha hecho posible que Pereira Meléndez haya incursionado en el amasijo de un lenguaje donde los mitos y las percepciones de la realidad, adquieren una terminología definida en el marco de la literatura que se hace actualmente a nivel nacional.

    Esto nos lleva a profundizar en el análisis de la obra en conjunto de Leonardo Pereira Meléndez, el cual nos lleva a revisar su mundo literario elaborado con las licencias propias del lenguaje y codificado con valores intrínsecos con una materia que abarca la estructura a la creación misma, integrando sistemas complejos: elementos semiológicos destacados. De la captación de su incursión creativa trataremos de darle el código de la fisonomía de su obra lograda hasta el momento.

    ESTAMPA MEMORIAL

    La √ļltima d√©cada del siglo XX nos ofrece un panorama convulsionado en el plano pol√≠tico. En tiempo record vimos sucederse intentonas, sacudones y cambios de presidente por doquier en una Venezuela con una profunda crisis. A pesar de todo se origin√≥ un esplendor creativo que se nota con la fundaci√≥n de muchas editoriales a lo largo de todo el territorio nacional. Esto abri√≥ las posibilidades a los escritores de las nuevas generaciones para entrar en las ferias que se hacen en el tr√≥pico y fuera del continente.

    Algunas instituciones han hecho sellos editoriales que han servido para promocionar algunos talleristas, adoptando su lanzamiento en el entorno literario. A llevar propuestas relacionadas con el diario transitar por los género narrativos, ensayísticos y poéticos. En pocas palabras podemos decir que esta generación nos llega por vía de un andamiaje formal, obtenido por una práctica que se viene arrastrando desde los sesenta. Las poblaciones de la provincia no escapan, por supuesto, de esta situación, tratando de competir con medios ínfimos con un objeto pragmático, dando origen a puntos de encuentros creadores de debates obligados, donde lo mejor de todo se lo leva el más cercano a las instituciones culturales de la capital.

    El CONAC respondía su ayuda a grupos sobre el cual se hicieron diluvios de subsidios, claro está, que justificaban su labor altruista, pero también dejaba una orfandad en otros centros de generación de cultura y cultivo de las artes en general.

    La situaci√≥n est√° planteada con los partidarios de la V Rep√ļblica en su primera etapa no evidencia sino un cambio substancial, se presagia lamentablemente, para tratarlo en forma esperanzadora, una apariencia derivada de una tal revoluci√≥n virtual. Vi√©ndose por tanto los mismos vicios y errores cuestionados por los salvadores de la nueva patria. Situaci√≥n muy interesante para asumir el aparecimiento de otra motivaci√≥n y de una fuente tem√°tica, que buscar√°, si se nos permite imaginar, un estadio milagroso en el circo de Ch√°vez, que se abre con una distorsi√≥n indeleble de la realidad. Los planteamientos que sostienen los seguidores del gobierno, sumado al tira y encoge de la informaci√≥n, sumado al retorno de ideolog√≠as nada clasificables, son las mismas de las err√°ticas de hace d√©cadas cuestionadas por todos los que militamos en la ‚Äúizquierda‚ÄĚ, ya que lo tanto pregon√°bamos como los Testigos de Jehov√° se quedaron en simples argumentos o en el peor de los casos, en un modelo desali√Īado mediador del m√°s terrible fracaso, para perderse en el fondo de las im√°genes dial√©cticas que caracterizan a un partido hegem√≥nico estancado en un sue√Īo cubano. Esta asimilaci√≥n maravillosa, en alguna ocasi√≥n sufrida por el navegantes genov√©s en su paso por el tr√≥pico, debe encontrar como debemos esperar un reflejo no condicionado, por supuesto, que se traduce en una vuelta a todos estos a√Īos que dejamos atr√°s, un pa√≠s mal gerenciado y atrofiado por el peculado de sus riquezas.

    De esta imaginaci√≥n de un pa√≠s sumido en las maravillas de Alicia, con unos actores caracterizados por escuchar una avalancha de idioteces y de otra parte, por unos seres que permanecen en el m√°s fiel de los enga√Īos, nos queda el grato sabor de ver mutilado el ed√©n on√≠rico de los dem√°s. La verbolabia gubernamental nos lleva hacia la ruta de novedosos caminos poblados en hiedras, donde se plantea una ‚Äúrevoluci√≥n cultural‚ÄĚ en condiciones reaccionarias, con ataques a los Zapatas y a los Ibsen Mart√≠nez.

    Dentro de estas circunstancias emerge Leonardo Pereira Mel√©ndez, v√≠ctima de una confabulaci√≥n pol√≠tica, siguiendo los pasos de Juandemaro Querales, Guillermo Mor√≥n, Luis Beltr√°n Guerrero, y el pensador por excelencia Ch√≠o Zubillaga Perera. Como podemos apreciar la quiebra partidista adeco-copeyana, no se caracteriza por un respaldo ideol√≥gico a Ch√°vez, m√°s bien se debe a un rencor hacia los √ļltimos gobernantes por haber sumido al pa√≠s en la miseria aparente con su serie de desaciertos.

    A trav√©s de las inquietudes intelectuales es que se establece un v√≠nculo solidario entre Juandemaro Querales y Leonardo Pereira Mel√©ndez. Situaci√≥n muy importante, porque desde all√≠ se crean lazos ideol√≥gicos, desde donde se va tejiendo una tutor√≠a literaria, un encuentro con los escritores que formaban parte de nuestros lectores m√≠ticas, llev√°ndolo por un plano creativo, que lo conduce a militar en un lenguaje y estilo propio que puede observarse en sus publicaciones, donde muestra las ense√Īanzas de Eddy Rafael P√©rez, y las tertulias de Querales y N√ļ√Īez Silva. Sus encuentros con la poes√≠a y la f√°bula creada por el narrador de post√≠n, hablan claramente de la prestidigitaci√≥n literaria de este hombre que tiene como oficio el derecho. Eddy Rafael P√©rez nos manifiesta, sin reticencia lo siguiente:

    ‚ÄúLa poes√≠a de Leonardo Pereira Mel√©ndez tiene el don de comunicar vivencias, sue√Īos y preocupaciones de un hombre de estos tiempos. Se revela all√≠, lo que acontece en el mundo lejano y cercano‚ÄĚ 1

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    1 Pereira Meléndez, Leonardo. Confesiones a media Luna. La Victoria, Editorial Berkana. 1999, p.7

    CARORA EN EL CORAZ√ďN

    Carora es una de las ciudades m√°s progresistas del pa√≠s, con una historia emblem√°tica y llena de cosas interesantes, que adem√°s ha dado una √©lite importante de m√ļsicos, escritores y pol√≠ticos que se han sumado a la evoluci√≥n de Venezuela. Un paisaje bordado por la aridez y un suelo √≥ptimo nos hace recordar una composici√≥n precios√≠sima de Luis Beltr√°n Guerrero llamada ‚ÄúEl card√≥n‚ÄĚ, imposible de realizar por una persona ajena a la regi√≥n, pues a esto se une el imperio de los sentidos, diferenciador de percepciones para la intuici√≥n de la est√©tica de lo feo.

    Esta ciudad con aspecto de manto marino y pie de monte andino, como lo hemos dicho, ha puesto su grano de arena en el marco hist√≥rico de Venezuela memorial, en que los m√°rtires de la regi√≥n han ba√Īado con su sangre el destino de la patria, beneficiando a las generaciones posteriores que gozan de la libertad a sus anchas.

    Los beneficios del desarrollo econ√≥mico del Estado Lara ha insertado el abolengo carore√Īo, esto unido a la modernizaci√≥n y a la evoluci√≥n urban√≠stica con todo lo que acarrea el crecimiento poblacional y el mejoramiento de los servicios p√ļblicos.

    Los intelectuales prevenientes de esta ciudad siempre han tenido un apego profundo a su entorno, se manifiestan al decir de Guillermo Mor√≥n con un sentimiento nacido de sus entra√Īas, al dar una estampa de la misma nos dice:

    ‚Äúson, somos los venezolanos y los carore√Īos, un pueblo viejo, de quinientos a√Īos, un pueblo arcaico y arcaizante, con una tradici√≥n cultural como de quebrada, las quebradas de Carora acarrean en sus arremetidas todo cuanto de ordinario no tienen, por estar secas la mayor parte. Tambi√©n, la ciudad, de ordinario seca, √°rida, con el lecho resquebrajadizo por el sol, crece de pronto, se moviliza, se inunda de pasiones, se encrespa y entonces expulsa de su seno y de su memoria a los mejores‚ÄĚ.1

    Creadores de muchas f√°bulas que se han mantenido en la memoria colectiva, mantienen una especie de sortilegio tradicional donde el seret√≥n, el diablo y el sobador se funden en una creencia indeleble, sin hip√©rboles, con el alma en un vilo como algo que tuviera por encima del fabulario de Macondo. Al entrar en contacto con la gente de esta poblaci√≥n, cualquier historia que se nos refiera parece estar estancada en un diccionario de maravillas. Ante este panorama se ha venido perfilando, puliendo y enriqueciendo, a trav√©s de la pr√°ctica y el estudio en diferentes talleres que van m√°s all√° de lo extraliterario, un frente de opini√≥n de ideas frescas en torno al ateneo ‚ÄúGuillermo Mor√≥n‚ÄĚ. Leonardo Pereira Mel√©ndez, adecuando sus conocimientos formativos, asume una postura que lo identifica con el modelo del escritor latinoamericano en nuestra √©poca, apoy√°ndose en la asimilaci√≥n de un conocimiento te√≥rico, para adecuar sus creaciones a los dictados de nuestra sociedad de consumo y a la carrera laber√≠ntica de la autopista creada por Bill Gates.

    ‚ÄúCuando los artistas y los poetas no han cobrado conciencia de su misi√≥n revolucionaria, son todav√≠a productores de plusval√≠a ideol√≥gica, lo mismo que son los revolucionarios que sostienen una ‚Äúfalsa conducta revolucionaria‚ÄĚ. Artistas y poetas estar√°n creando belleza y, por tanto, estar√°n creando algo que s√≠ mismo revolucionario‚ÄĚ.2

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    1 Morón, Guillermo. Pueblos, Aldeas y Ciudades. Caracas. EFOFAC, 1995. p.15
    2 Silva, Ludovico. Belleza y revoluci√≥n en Zona T√≥rrida. Revista de Cultura de la Universidad de Carabobo. N¬į 11-12. Valencia. 1979
    En esta faceta siempre proclive para la envidia y las confabulaciones, ha hecho este joven escritor su credo literario, manteniendo en claro sus lecturas, donde se insin√ļan con mucha vivacidad autores como Jorge Luis Borges, James Joyce, Gast√≥n Bachelard, Herman Melville. Esta interesante actividad es cotidiana y mantenida bajo el amparo de la discusi√≥n dial√©ctica de cada tendencia que se debate en el pa√≠s con sus complejidades en medio de la mara√Īa neoliberal, en un collage con la situaci√≥n que viene sufriendo nuestro pa√≠s: el desorden de la confusi√≥n ideol√≥gica que sufre Ch√°vez y el enga√Īo radical de la sensibilidad del venezolano en general. Aunque las performances del barin√©s tiene su reflejo en los medios que se prestan a sus intervenciones melodram√°ticas, no s√≥lo siendo punto de risa, sino tambi√©n de espejismos tan frescos como su deseo de parecerse a Carlos Andr√©s P√©rez, Luis Herrera y Rafael Caldera; al primero, en su intento de erigirse como un l√≠der internacional, que no es ni tan malo; al segundo, en lo llanero y refranero; a Rafael Caldera en su perfil como estadista, pero en un c√≥ctel de la muerte. Aunque es muy temprano para exigir a los creadores circenses de una Constituci√≥n que es violada todos los d√≠as y atropellada sin miramientos.

    PASEO POR LA CIUDAD DE LOS ESPEJISMOS

    En su camino por el campo de la literatura, Leonardo Pereira Meléndez, hace una estación temporal en el ensayo, siendo este género literario un poco complicado por el dominio informativo que se debe tener. Desde que el escritor siente necesidad de expresar su punto de vista sobre alguna situación en especial, el ensayo forma parte de esa herramienta.

    Su actividad en esta materia se mantiene fiel a un ejercicio cotidiano que se ampara de manera pr√°ctica en las publicaciones peri√≥dicas, la prensa y las revistas literarias son parte de esta misa. Este joven escritor no duda en momento alguno de dar su juicio cr√≠tico sobre los objetos de conocimiento, √©l se mantiene fiel a las andanzas de Luis Beltr√°n Guerrero, Guillermo Mor√≥n y Juandemaro Querales. Sobre la visi√≥n del ensayo, el √ļltimo de los nombrados nos manifiesta.

    ‚ÄúEl ensayo visto como aventura fascinante del pensamiento, es en el mayor de los casos cultivo de muy febriles talentos, los cuales validos de un piso tan firme en el campo de la vastedad del conocimiento, se atreven a indagar y a sentar criterios que enriquecen los lenguajes sistematizados en leyes atinentes a toda ciencia‚ÄĚ.1

    En esta visi√≥n de Querales podemos encasillar a Leonardo Pereira Mel√©ndez, el que pasa su existencia hablando con el reflejo del Diablo de Carora Hermes Ch√°vez, la de la ciudad escandilante y la cual parece levantar hilachas de fuegos del piso como si se tratara de una urbe visitada por Marco Polo, que se magnifica con las semblanzas del ‚ÄúMerl√≠n‚ÄĚ de Barrio Aparte, inventariando los mitos, hasta hacerlos

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    1 Querales, Juandemaro. Festejos (Aproximación críticos a la narrativa de Guillermo Morón). Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1989.

    perpetuarse en nuestra memoria. Desde esta óptica arranca su itinerario para indagar sobre el uso formal del lenguaje; apoderado de su material investigativo para desmembrar textos y darle una perspectiva personal.

    ‚ÄúSuele hacerle una distinci√≥n entre las tareas del cr√≠tico y de las del historiador literario, y en esas ocasiones la distinci√≥n se traza entre investigaci√≥n del pasado e investigaci√≥n del presente, como entre, por una parte, la investigaci√≥n objetiva de una obra dada, de su lugar en la trama social, y de su influencia en la vida social -en el caso del historiador literario- y por la otra, la valorizaci√≥n de una obra dada desde el punto de vista de sus m√©ritos y defectos formales o sociales ‚Äď en el caso del cr√≠tico‚ÄĚ2

    El compromiso de algunos de sus temas, los cuales se remiten sobre premisas de aparatos conceptuales, no rayan en elogios complacientes. Leonardo Pereira Meléndez genera un discurso sin pasiones ideológicas. Esto frecuentemente forma parte del fomento de la tradición literaria, donde los comportamientos reflexivos tienen mucho que ver con el empleo social del conocimiento, en esto se suma el fomento explicativo de las situaciones dialécticas vertidas en las obras literarias. La práctica del ensayo requiere constancia y dedicación, en esto no se duerme Pereira Meléndez.

    Hay que aclarar su inclinación hacia la investigación sobre la poesía actual, tiene como medio de significación el proceso de la textualidad, donde la tematización es vinculada al ejercicio ideológico crítico como pauta global. Su juicio personal sobre el acto poético se pone en evidencia cuando nos da una visión circunstancial con un criterio de valoración:

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    2 Lunacharski, Anatoli. Tesis sobre los temas de la cr√≠tica marxista en la Gaceta de Cuba, N¬ļ 112, p.27, mayo-junio. La Habana, 1973.
    3 Pereira Meléndez, Leonardo. Corte de Apelaciones. Editorial berkana, La Victoria, 2000.

    ‚ÄúCuando se escribe un poema, se amamanta la luna, y la acci√≥n sobrenatural del esp√≠ritu, transpira en cada palabra que brota de los poros del alma‚ÄĚ3

    Lo cierto es que Leonardo Pereira Meléndez se acerca al perfil del escritor integral, ese el cual se emparenta con Fernando Soto Aparicio, Jorge Luis Borges y el mismo Ramón Querales en el caso nuestro de la literatura venezolana.

    La cosmovisión de este escritor trata de detallar la lengua vigente del decir poético, sin importarle la altura del creador literario; no siendo una tarea tan simple, pues podemos ver la alta variedad de poetas diseminados por toda la geografía latinoamericana y el cambio que se aprecia en las distintas tendencias y modas en el campo de las letras.

    Los planteamientos puestos en el tapete, con economía estructural y sin sombras formalistas, serán muy importante en su labor reflexiva de visionario del ensayo, a través de una dimensión lógica agradable al oficio de la lectura. Con esto tratamos de decir que Leonardo Pereira Meléndez milita en una elaboración fática del ensayo como una verdadera obra crítica.

    ECOS Y ESPEJISMO

    El escritor que visita a Carora se sorprende del paisaje y tambi√©n de aquellos peque√Īos lagos de fuego que se forman en los desoladas tierras bald√≠as, enredados en silentes torbellinos, de esto siempre da cuenta Pr√≥spero Morales Padilla en su novela Los Pecados de In√©s de Hinojosa, pero esta calina es semeja mucho a la metaforeada por Juan Rulfo en Pedro P√°ramo, parecido territorio con peque√Īos lagartijos, burros y chivos amparados bajo la sombra de un card√≥n con un solazo implacable, pero esta zona sagrada forma parte de una realidad inevitable. Con esta ciudad m√°gica se interrelaciona Leonardo Pereira Mel√©ndez; su ejercicio como adicto a la lectura le naci√≥ desde hace mucho tiempo, alimentando su iniciativa escritutaria. Sobre el andamiaje de la novela, Juan Rulfo nos da una visi√≥n, eso nos recuerda los inicios en el ensayo de Pereira Mel√©ndez:

    ‚ÄúCompr√© un cuaderno escolar y apunt√© el primer cap√≠tulo de una novela que, durante muchos a√Īos, hab√≠a ido tomando forma en mi cabeza. Sent√≠ por fin haber encontrado el tono y la atm√≥sfera tan buscada para el libro que pens√© tanto tiempo‚ÄĚ. 4

    Sus conceptos sobre otros autores de la provincia, lo hacen ver como un metódico crítico con suficientes elementos analíticos para descodificar cualquier texto en particular, el hecho de incursionar en el Derecho le ha dado el oficio continuo de la lectura y la práctica de soltar la mano para colmar las páginas en blanco. Este aspecto puede ilustrarse en un pensamiento que trabaja con totalidades historicistas.

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    4 Rulfo, Juan. Pedro P√°ramo o treinta a√Īos despu√©s, en Magaz√≠n Dominical, N¬į 147, p. 3, Enero 19, Bogot√°. 1986

    ‚Äúsin poses fingidas pone en manifiesto el deseo intenso de una mujer que con transcurrir de los a√Īos, en lugar de deteriorarse, se nutre con el tiempo, deja plasmado su pensamiento creador, derrumba las paredes mojigatas del olvido‚ÄĚ.5

    Esta actividad la perpet√ļa este escritor carore√Īo al realizar un rito semanal, no como un simple acto supremo de inteligencia, sino m√°s bien incursionar en el instrumento creativo de la palabra; ese libre quehacer de confrontar una postura inconforme ante la confusi√≥n pol√≠tica que viven nuestros gobernantes y la trama ilusionista que intenta hacernos ver como parte de una jungla de bobos. Ante esta tergiversaci√≥n improvisada, no queda otro recurso que el cuestionamiento t√©cnico, tomando como arma de fuego a la palabra escrita; situaci√≥n que le ha dado el sumar en escenarios adversos enemigos gratuitos al estilo Orlando Fern√°ndez, ex -gobernador de Lara, tal homogeneidad, vinculada a una corriente progresista ideol√≥gica y en franco movimiento de pensamiento, son analizados con un ojo cl√≠nico por parte del literato a tiempo completo. Esta premisa tan valedera en nuestros tiempos, presenta a Pereira Mel√©ndez, como un fiel irreverente ante la met√°fora pol√≠tica, record√°ndonos alguna lectura dispersa en el cementerio de la memoria:

    ‚ÄúLa libertad de quien habla para expresar y tras sus propios significados o sentidos est√° tajantemente limitada por el uso que tiene que hacer de un instrumento social, con una existencia propia relativamente estable y aut√≥noma‚ÄĚ.6

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    5 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit, p.71
    6 Black, Max. El Laberinto del lenguaje. Monte Avila Editores. Caracas. 1976.

    Para tener un criterio m√°s concreto sobre Leonardo Pereira Mel√©ndez en este g√©nero del ensayo, tenemos que esperar como evoluciona su desarrollo creativo, tomando en cuenta su edad y los ecos que le puedan deparar las influencias de otros especialistas de esta materia. Y estos no nos parece tan descabellado, si consideramos a Borges, Alfonso Reyes, Henr√≠quez Ure√Īa, con algo en com√ļn, el incursionar en el ensayo le correspondi√≥ despu√©s de los cuarenta, aunque a cualquier investigador cautivo en su centro gravitacional no comparta este criterio, podemos considerar que con el paso del tiempo se van adquiriendo mayores conocimientos aunado a la madurez creadora. √Ālvaro Mar√≠n parece coincidir en esta situaci√≥n con nuestra apreciaci√≥n:

    ‚ÄúAlgunos escritores y pensadores en nuestros d√≠as, han detenido sus miradas en los abismos interiores del ser humano y han encontrado un vac√≠o m√°s profundo y conmovedor que todos los abismos y horrores metaf√≠sicos. Lo que ha hecho la mente humana en su traves√≠a por la historia es desplegar la conciencia como un peque√Īo lente en la extensi√≥n de un paisaje infernal‚ÄĚ.7

    Leonardo Pereira Meléndez ha tratado de incursionar en la crítica literaria, haciendo un recorrido sobre las obras de una variedad de poetas y escritores, dando premisas razonables que se centran en el pensamiento dialéctico, en donde sostiene su convicción de hacer presente el mensaje expositivo, por su posición, demuestra que
    tiene un buen olfato literario, un consecuente tratamiento a conciencia en el abordaje de los textos que revela a un oficiante de la palabra con criterio propio. Miembro de los ecos de los escritores que los preceden, este volumen inci√°tico en su labor

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    7 Mar√≠n, √Ālvaro. Fil√≥n metaf√≥rico, en Magaz√≠n Dominical, N¬į 613, p. 18, Bogot√°, 1995.

    ensayista denominado ‚ÄúCorte de Apelaciones‚ÄĚ, le labran su camino, ya que le acerca a autores integrales como Juandemaro Querales, y lo proyectan hacia los escenarios de la cr√≠tica literaria que se viene gestando y materializando en nuestro pa√≠s. Expres√°ndose de Eddy Rafael P√©rez manifiesta:

    ‚ÄúHablar del bardo tocuyano Eddy Rafael P√©rez es hablar de la desnudez de la poes√≠a; de una poes√≠a desdibujada en ins√≥litas praderas de sombras; constituye un ameno ejercicio metaf√≠sico y particularmente nos introduce en una ciudad donde el tiempo, la vida y la muerte, transciende exquisitamente a lo imposible‚ÄĚ.8

    Así con sencillos planteamientos intenta expresar su aproximación a la obra del gran poeta tocuyano, con esto, Leonardo Pereira Meléndez demuestra con fundamentos concretos su asimilación del aprendizaje del género del ensayo.

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    8 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p 7

    (MODELO PARA ARMAR)
    PR√ĀCTICA PO√ČTICA

    Aunque en su libro de ensayo Leonardo Pereira Mel√©ndez manifiesta: ‚ÄúParticularmente a m√≠ no me gustan los poemas largos. La pasi√≥n y el placer se pierden y el deseo desaparece por completo‚ÄĚ, considerar esta alternativa no estar√≠a ajustada a la realidad, los poemas largos forman parte de una ruta que lo conducen abiertamente hacia composiciones extensas y hasta el g√©nero en prosa, con cierta capacidad emotiva y expresiva con basamentos propiamente ling√ľ√≠stico y sensibilidad est√©tica.

    En su breve tr√°nsito por el campo literario, la poes√≠a ha sido su plato fuerte, durante mucho tiempo como oficiante de la palabra ha estado fascinado con el g√©nero, evolucionando hacia planos m√°s ambiciosos a entablar amistad con Eddy Rafael P√©rez, el cual parece despertar en Pereira Mel√©ndez ese genio que estaba oculto en sus entra√Īas, el cual broto para romper las barreras de lo indecible. La experiencia del taller literario pasa a formar parte de una quema de etapas y un ejercicio formativo para ir armando su rompecabeza con la intenci√≥n de dar a conocer su percepci√≥n po√©tica. Esa voraz manifestaci√≥n literaria puede ser expuesta as√≠:

    ‚ÄúDesde que toma conciencia de su vocaci√≥n, comienza por leerse a s√≠ mismo en interior silencio. Luego que ha puesto en palabras el poema, suele leerlo en silencio interno. Ya escrito, no es raro que lea para s√≠, a solas, y quiz√°s en voz alta. Acaso lo √ļltimo es que decida a leerlo para otros‚ÄĚ. 1

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    1 Escalona Escalona, José Antonio. Lector de Poseía. Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1984. p. 63

    La iniciación en el caso de todo escritor funciona como una lección tímida, para luego ir evolucionando con el roce que proporciona la confrontación; este hecho aunado con el trabajo a diario en las enmendaduras, tachaduras y correcciones de hojas escritas orquestan un paso hacia la madurez, complemento de la ceremonia fascinante como lector y traductor de la trayectoria de autores de otras latitudes. Para el autor de Lacerado, el militar en el oficio de la poética es una situación que tal vez venía imaginando y maquinando ya en su tarea como creador literario, donde afloraron sus visiones sobre la formación del delincuente juvenil en nuestra sociedad, apreciaciones filosóficas, rechazos sociales, políticos y menudencias amorosas que moldean una propuesta sencilla, rica en vivencias intensas y profundos ideales, metódicamente elabora poesías sin rebuscamientos de mecanismo extraliterarios, tomando en cuenta que la densidad puede generar aburrimiento ante su interlocutor, el más sano crítico de una obra. Esta milicia en el género poético no es producto de la casualidad, responde a una inclinación particular ejercida por la razón, dando a sus intuiciones de aprendizajes el funcionamiento de una preocupación estética.

    ‚ÄúLa creaci√≥n po√©tica se inicia con violencia sobre el lenguaje. El primer acto de esta operaci√≥n consiste en el desarraigo de la palabra. El poeta arranca de sus conexiones y menesteres habituales: separados del mundo informe del habla, los vocablos se vuelven √ļnicos como si acabasen de nacer‚ÄĚ. 2

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    2 Paz, Octavio. El arco y la Lira. Fondo de Cultura Económica. México.1994. p. 38

    (MODELO PARA AMAR)
    AMANECER EN EL TR√ďPICO

    El encuentro de las culturas foráneas en nuestro continente y los procesos de los medios colonizantes como la represión, el oscurantismo religioso, la imposición ideológica por la fuerza, moldean la metamorfosis de los pueblos oprimidos, amansados con procedimientos alejados de todo respeto humano, forma parte de ese amanecer tropical signado por la metáfora de la infamia:

    ‚ÄúLas brutalidades que los conquistadores castellanos perpetrar√°n en Am√©rica en el siglo XVI con la poblaci√≥n ind√≠gena son, en lo sustancial, una repetici√≥n de lo que se hab√≠a hecho en Europa a lo largo de siglo, con la justificaci√≥n de esa contradictoria ideolog√≠a caballeresca y el esp√≠ritu de Cruzada que sol√≠a enmascarar una codicia superlativa y una lujuria descontrolada‚ÄĚ. 1

    Penetraci√≥n de una cultura en otra con problemas relativos y con costumbres tan dispares que hacen hundirse al hombre de estas latitudes en el √°mbito del mito, hasta el hecho de someterse al yugo del extra√Īo visitante. M√°s tarde ese collage de realidades que se bifurcan en el jard√≠n de las delicias, redimen con mayor claridad la asimilaci√≥n de nuestra realidad, esto se vislumbra con una percepci√≥n semejante pero con un modelo distinto que distorsiona la problem√°tica que viven los pa√≠ses subdesarrollados, objetando la premisa de la herencia cultura, cuando podemos apreciar que los cambios de doctrinas posibles al ser transplantadas a nuestros pueblos, sufren un impacto que no se ajusta a nuestra realidad, la brutalidad de los visitantes de Europa nada pod√≠an relacionar con este ed√©n dan dis√≠mil de dirigir al otro lado del mar:

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    1 Herren, Ricardo. La conquista erótica de las Indias. Planeta. Bogotá, Colombia. 1991. p. 34

    ‚ÄúLo que parece evidente, a la luz de estas consideraciones, es que el Barroco de Am√©rica aporta a la f√≥rmula general europea un ingrediente de inserci√≥n en la circunstancia tel√ļrica en que se asienta‚ÄĚ. 2

    La percepción del barroco en todo el continente nos sirve para demostrar que esta vivo todavía, esto se manifiesta en novelistas como el recientemente desaparecido Severo Sarduy, Lezama Lima y Alejo Carpentier, para dar una visión de elementos caracterizadores de esta modalidad creativa.

    La asimilación de técnicas y adecuaciones a los poetas y narradores de nuestro tiempo se ponen en evidencia también cuando vemos incursionar muchas veces a tales creadores en diversas tendencias poéticas y narrativas, por no hablar de la pintura.

    ‚ÄúEl pensar el subdesarrollo, con el resultado final de la independencia, cuya antesala es la revoluci√≥n. Es respuesta a una relaci√≥n periferia-centro, que nos sustituy√≥ nuestro folkorismo nativo por un folkorismo tecnol√≥gico (comic). La interdependencia de una cultura denominada, ha hecho posible invadir los centros metropolitanos nos productos culturales perfectamente elaborados, para en √ļltimo t√©rmino hacer part√≠cipes a las sociedades europeas ‚Äďnorteamericanas, de la situaci√≥n e dependencia y el deseo de romperla, como forma de lograr una expresi√≥n universal de cultura, sin las heridas del colonialismo: enterrador de culturas superiores a las dominantes‚ÄĚ. 3
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    2 Díaz-Plaza, Guillermo. Hispanoamérica en su literatura. Biblioteca Básica Salvat. Salvat Editores S.A. Navarra, 1971. p. 78
    3 Querales, Juandemaro. Cartel de citación. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas. 1983. p. 34

    Esa forma muy particular de percibir la realidad circundante de nuestro universo, hizo posible que los signos de esas menudencias catastr√≥ficas pudieran ser explotadas, a trav√©s de una lectura de los males que puedan ocasionar las divergencias de pensamiento y las crueles artima√Īas del caos, siempre bajo el concepto de un modelo definido para que en funci√≥n del m√©todo implantado se viera afectado el entorno oprimido. En base a un enmascaramiento el discurso literario ha querido aportar documentos probatorios, tomando en cuenta argumentos de peso, tratando de hacer el portavoz de la demanda de un grupo afectado mediante un proceso complicado, donde el psiquismo delata un discurso paralelo, descendiente inmediato de esas torturas pesadillescas heredadas con el correr de los siglos en forma traum√°tica y violenta. Esto nos dej√≥ un deseo revanchista que se hizo reflejo inmediato de un superar ese amanecer repentino por lograr esa libertad plena, claro est√°, transponiendo t√©rminos de creaci√≥n literaria.

    PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

    La modernizaci√≥n del pa√≠s en forma paulatina y la asimilaci√≥n progresiva de la autopista de la informaci√≥n como un maravilloso descubrimiento hecho realidad por Bill Gates, distorsionan relativamente el estancamientos de las ciudades sumergidas en el pasado, distantes de las llamadas ciudades ‚Äď c√°ncer, detenidas en mutaciones de la realidad ilusoria y extra√Īos proyectos que constituyen la caricatura m√°s cercana de las fallidas maniobras de nuestros √ļltimos gobernantes:

    ‚ÄúEn realidad, no somos v√≠ctimas de m√°s nada que de nuestra normalidad: golpes o contragolpes, declaraciones o intentos, marchas de protestas o planes de contingencia, lo que nunca dejamos de aceptar es nuestra normalidad, esa cosa horrible que desde su estandarizada normalidad los estadounidenses entienden como propia de algo as√≠ como realismo m√°gico‚ÄĚ.1

    Manifestaci√≥n de costumbres y situaciones que inquietan tan deliberadamente al hombre de esta fantas√≠a revolucionaria, hasta el borde de la locura, el pasar jornadas infatigables viendo televisi√≥n a un presidente echado chistes malos y fijando su artiller√≠a verbal contra de los adecos. Este panorama de enga√Īos con nuevos protagonistas sembrados en el ojo de un hurac√°n caribe√Īo, hacen m√°s enrarecida la apreciaci√≥n de la realidad, en un momento estelar en que el petr√≥leo venezolano adquiere boom inusitado y no se ve el efecto gradual de impacto en la econom√≠a, argumentando claramente que no se puede volver a los tiempos b√≠blicos del as vacas gordas, cuando fallan en devolver la dignidad como ciudadanos para convertirnos en seres esperanzados con un poder sue√Īo plantado en el mito del eterno retorno al pasado:
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    1 Baiz Quvedo, Frank. Caracas modular en Exceso, agosto 1995. N¬į 78 Caracas. P. 79

    ‚ÄúPor eso es tan insistente Prieto Figueroa en asignar al Estado, la producci√≥n ideol√≥gica, asegurando su control y manteniendo, porque desde all√≠ de donde arranca la domesticaci√≥n del individuo, la aceptaci√≥n natural de un orden y retardando el ingreso del individuo al mercado del trabajo, dejando para las √©lites los puestos de comando‚ÄĚ.2

    Los juicios emitidos por este escritor carore√Īo, se orienta en conceptos provenientes de su captaci√≥n de la realidad actual, esto nos da suficientes elementos para dar consideraciones que originan un marco propicio para la creaci√≥n literaria.

    En este orden de ideas en que Leonardo Pereira Meléndez trata de dar vida a su cuerpo poético y adentrarse dentro del contexto de una valorización creativa de matices fantasiosos insertados en la realidad, logrando exteriorizar la dinámica plenitud de la conciencia con cierto buceo ontológico:

    ‚ÄúPero, como hemos podido observar esta integraci√≥n no esta provista de dos distorsiones, muy visibles por ambas partes: por un lado, ha sido necesario pasar sin formularlo, de una simple posibilidad de expresi√≥n ficticia a una artificiosidad sustancial de los sentimientos expresados, llevar todo poema l√≠rico al poema. Ya consolidado del mon√≥logo tr√°fico para introducir en el coraz√≥n de cada creaci√≥n l√≠rica esta pantalla de ficci√≥n, sin la cual la idea de imitaci√≥n no podr√≠a darse‚ÄĚ.3

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    2 Querales, Juandemaro. Del resentimiento social al estado docente: Luis Beltrán Prieto Figueroa. Fondo Editorial Río Cenizo. Barquisimeto. 2000 p. 49
    3 Genette, Gérard. Géneros. Tipos. Modos. En Teoría de los géneros literarios. Arbo/Libros, S.A. Madrid. 1998. p.25

    La valoración totalizante de la realidad cruda en nuestras ciudades, ocasiona que esta situación se manifieste en la cristalización del fondo poético y de la meditación significante de la percepción de fenómenos alejados del reino de la memoria, forma parte esta relación de ese traspasar el azogue de lo desconocido.

    ‚ÄúEntre nosotros suele encontrarse m√°s c√≥modo adoptar una postura especulativa y de desprecio por los hechos y por la raz√≥n, que adoptar una actitud critica fundada en los hechos y que haga pleno uso de los instrumentos de la raz√≥n‚ÄĚ.4

    Para tener una visi√≥n concreta del macromundo po√©tico de Leonardo Pereira Mel√©ndez, es preciso destacar la vida que cobran sus composiciones l√≠ricas que la conforman y determinan. Con el fabulario caracter√≠stico del carore√Īo es esencial descodificar esos textos de una ciudad llena de apariencias reales. La alternativa para poner en evidencia el sustrato de la po√©tica de Pereira Mel√©ndez tiene el firme prop√≥sito de incitar y llamar la atenci√≥n al lector. Situar este universo l√≠rico caracterizado por un sencillo rito sin fronteras en su verdadera creatividad, le confiere esa luz tradicional larense.

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    4 Bunge, Mario. La ciencia, su método y su filosofía. Ediciones Siglo Veinte. Buenos Aires. 1972. p. 125
    LA PARTIDA PO√ČTICA

    La poesía enredada en ese universo en expansión, mantiene un mismo nivel van armando un complejo rompecabezas donde se entroncan todos los puntos elementales que componen un ciclo creativo, el mismo es un estadio donde se sienta un piso y la etapa genésica del poeta en uso de su genialidad. La alusión a situaciones traumáticas, vistazos a la problemática existencial actual, sentimientos contradictorios de compresión, son elementos donde los mecanismos del lenguaje adquieren el vislumbramiento de poemas reducidos a la recurrencia de la imaginación, orientando su laboriosa escritura hacia referentes de la memoria:

    “Siempre estarán
    Junto a mi silencio
    Siempre estar√°n
    Son los fantasmas que mas quiero
    Los que se aferran
    a mi pasado‚ÄĚ5

    Estas composiciones que ensamblan el texto son ejercicios poéticos para soltar la mano: hacen parte del viaje inicial hacia creaciones más ambiciosas. En el transitar por estas tentativas literarias se van gestando las piezas de un poeta dispuestos a confrontar trabajos mayores, para lo cual requiere un asidero formativo y tener dominio sobre la invención poética. Por tal motivo vemos pasar por su estructura elocutiva vestigios que nos hacen entender el dominio del autor de lecturas más profundas. Sus tentativas creativas no son el resultado de la casualidad, aparecen con el fluir de experiencias escritas a través de un conciente debate interior. Al respecto,

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    5 Pereira Meléndez, Leonardo. Lacerado. Aevic. La Victoria, 1999. p. 9
    Luis Beltr√°n Guerrero, da cuenta de su visi√≥n sobre el escritor. Esto nos puede servir de punto de partida para entender el oficio de Pereira Mel√©ndez en el plano po√©tico. Esta fascinaci√≥n por la poes√≠a representa su intuici√≥n por esta tem√°tica que le es tan com√ļn a su afecci√≥n:

    ‚ÄúSi la poes√≠a ‚Äď creaci√≥n pura ‚Äď requiere revisi√≥n cr√≠tica, ya se figurar√° el lector cu√°nto lucidez nativa y aprendida, cu√°nto pasar las noches de claro a claro, cu√°nta ciencia literaria y equilibrio an√≠mico se requiere para el ejercicio de la cr√≠tica. Por eso los j√≥venes pueden ser y lo han sido, grandes poetas o cuentistas‚ÄĚ. 6

    En uno de los poemas de Lacerado, el autor indaga sobre su preocupación ante el sentimiento del fracaso:

    “Esto ha sido el cactus
    El peso
    De mi destino
    No me atrevo vivir √©sta vida‚ÄĚ 7

    Este poemario es la obra de aspiraci√≥n de Pereira Mel√©ndez y podemos decir la que rebilitar√° sus trabajos po√©ticos posteriores. Este libro funciona como una escalera por donde se tiene que vencer escalones para ir madurando ideas nuevas, aqu√≠ juega un papel importante la pr√°ctica minuciosa del escritor. En el ‚ÄúJard√≠n de Bermudo‚ÄĚ, Luis Beltr√°n Guerrero nos manifiesta su punto de vista sobre el proceso que sufre el escritor cuando se enfrenta a la realidad, el poeta no escapa de esta situaci√≥n tampoco aunque sus puntos cardinales son el mismo oficio y la t√©cnica, sus indagaciones sobre teor√≠as, observaciones sobre la meditaci√≥n del hombre anta el cosmos y la proyecci√≥n de ramificaciones tem√°tica en este mundo signado por la globalizaci√≥n se centra en un eje continuo. El poeta no cesa en su intenci√≥n de hacer trascender su alquimia imaginativa, se quehacer tiene una visi√≥n que evidencia una construcci√≥n est√©tica partiendo de elementos formales del lenguaje, de esto podemos desprender un hecho ineludible:

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    6 Guerrero, Luis Beltrán. El Jardín de Bermudo. Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1986. p. 186
    7 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p. 13.

    ‚ÄúCuando un poeta potencial descubre por primera vez (o es descubrimiento por) la dial√©ctica de la influencia, es decir, descubre por primera vez la poes√≠a como algo que se encuentra tanto en su exterior como en su interior, inicia un proceso que habr√° de terminar solamente cuando el poeta ya no tenga m√°s poes√≠a dentro de √©l, mucho tiempo despu√©s de poseer el poder(o el deseo) de descubrirla fuera de si mismo‚ÄĚ. 8

    La influencia de ejercicio diario es importante para mantener la práctica creativa, también sirve de vehículo entre el contacto de la escritura con la investigación particular, dicha relación genera una dirección inevitable hacia la autorrealización. No importa nuestro tropiezo en los primeros ensayos expuestos a desaciertos o los estorbos de un pecado que se hace demasiado pobre por el hecho de rompimiento, despojarse de las intentivas de una manera radical es algo dificultoso, por el hecho que podemos encontrar alguna idea importante en esos papeles dejados en el abandono, siempre habrá ese toque mágico, la nostalgia de un elemento que se inserta en la ceremonia poética.

    “El escritor toma elementos materiales y espirituales del mundo, los asimila a la luz de su conciencia o en torno a ella, los mezcla y deforma (los transforma) para reelaboramos ficticiamente y hacerlos verosímiles o creíbles aunque no sean comprobables o verídicos desde el punto de vista de la razón y la lógica científica. El hecho literario deviene existencia creativa, nueva posible (re- creada) de la realidad

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    8 Bloon, Harold. La angustia de las influencias. Monte √Āvila Editores. Caracas, 1977. p. 36

    social y/o natural; as√≠ que donde no haya creaci√≥n no habr√° literatura propiamente dicha‚ÄĚ. 9

    La presencia de Eddy Rafael P√©rez en Carora le sirvi√≥ de mucho a Pereira Mel√©ndez, se convirti√≥ en un asiduo disc√≠pulo que supo sacar provecho a las teor√≠as orientadas por el poeta de El Tocuyo, esto no quiere decir que el escritor carore√Īo no haya hecho
    un tránsito anterior por el medio literario, pero la experiencia tallerística con este poeta de alto vuelo pudo servir como patrón para resolver técnicas que no dominaba o tal vez estuvo en contacto con estas en forma rudimentarias y le hicieron perfilar un modo distinto a la percepción que mantenía antes del encuentro metodológico con el taller literario supuestamente. Esto lo llevo a quemar otras etapas, con la intención de explorar otras alternativas poéticas. Aunque el se pasea por distintas tendencias literarias, esto no lo aleja de su indagación de un espacio que lo hará conducirse hacia una totalidad global, claro está, sin apartarse del nivel cualitativo que exige el género de la poesía.

    No fall√≥ Eddy Rafael P√©rez en poner al servicio de este joven escritor carore√Īo las virtudes pedag√≥gicas desplegadas en la Universidad de Los Andes, llam√°ndolo a reflexionar sobre las peque√Īeces y afinidades del mundo complejo de la po√©tica, este contacto surti√≥ el esperado efecto ambicionado por Juandemaro Querales, quien promovi√≥ la estad√≠a del prol√≠fico autor, brindando as√≠ la oportunidad de tratar a Pereira Mel√©ndez de despojarlo de las ma√Īas escritutarias, ofert√°ndole suficientes herramientas para remover de su psiquismo visiones cerradas de un orden creativo represado, esto gener√≥ un alud de motivos que hicieron despertar esos demonios interiores que viven alojados en nosotros, cuyo reino nos cuesta abandonar:

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    9 Leal, Eutiquio. Talleres de literatura. Fundación Universitaria Autónoma de Colombia. Bogotá. 1984. p. 24

    “Esta soledad
    me rompe el hígado
    Desgarra
    mi silencio
    Siento el miedo del lobo
    que hay en mí

    Lacerado‚ÄĚ. 10

    __________________________________________________________________
    10 Pereira Meléndez, Leonardo. Oport. Cit., p. 21

    LOS MITOS

    Leonardo Pereira Meléndez tiene una forma muy particular de abordar sus creaciones poéticas, desde sus textos iniciales hasta el libro inédito Escozor que ha ido dando por entrega en diferentes diarios del país, hay una propuesta diferenciadora en el aspecto formal en cada obra que ha proyectado como oficiante de la palabra escrita. Lacerado1 es un poemario denso donde el mito cobra primordial importancia, fortaleciendo nuestro criterio sobre lo expuesto anteriormente.

    Siguiendo una pr√°ctica hispanoamericana que nos viene de la tradici√≥n comunicada en forma oral, trabajada por Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Vicente Aleixandre, Pereira Mel√©ndez insiste en reflexionar con las licencias m√≠ticas empleadas en la l√≠rica, asumiendo de esta manera la l√≠nea de Blas Perozo Naveda y Tito N√ļ√Īez Silva; para este tr√°nsito creativo aborda el olimpo de la interioridad que se pre√Īa de la trayectoria mental de los recuerdos y de las visiones de los laberintos accidentales de la casa-templo, donde se va elaborando cierta especie de taxonom√≠a √≠ntima, esta suerte de cambio de piel de serpiente constituye un ejemplo prodigioso de apariencia que se nos pueda dar a conocer, de esta premisa acertada se desprende este enmascaramiento cuya simulaci√≥n podemos asociar a juicios de valores formales:

    ‚ÄúLa mitolog√≠a es una tal obra de arte de la naturaleza. En su tejido se da forma realmente a lo m√°s elevado; todo es relaci√≥n y metamorfosis, informando y trasformando, y este informar y transformar ser√≠an su propio recorrido, su vida intima, su m√©todo‚ÄĚ. 2
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    1 Pereira Meléndez, Leonardo. Lacerado. Buzón de escritura de la Vierriz, La Vierriz. 1999
    2 Schlegel, Friedrich. Poesía y filosofía. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1994. p. 123

    Cuando Leonardo Pereira Mel√©ndez nos hace referencia a sus lecturas predilectas, deja ver un escenario muy rico en material informativa, dejando claro que en esa laboriosidad de lector se le haya escapado alg√ļn libro de cabecera; esto a lo mejor se debe a que estos est√°n oculto en alg√ļn rinc√≥n remoto de su memoria como tesoro, en tal caso podemos conjeturar que si no los cita es porque los ha obviado impredemitadamente. Como su intenci√≥n es tomar aliento en reproducciones cosm√©ticas de la realidad, hay exclusivamente en esto una intenci√≥n por darle continuidad a lo mejor o m√°s selecto de nuestra tradici√≥n por mitificar poes√≠as, esto es f√°cil de demostrar en el caso del camuflaje de la imaginaci√≥n:

    ‚ÄúEl progreso se ha convertido en ese nuevo dios totemizado que absorbe la mente del mundo de hoy. Un progreso a veces ciego, que no ha tomado conciencia de sus l√≠mites y que como un boomerang est√° revirtiendo su impulso contra la totalidad de la especie humana. La cultura hisp√°nica, dentro de la cual la est√°, por supuesto, Hispanoam√©rica, ha sido muy criticada por no haber sabido plenamente abordar el camino del progreso. No obstante, lo que no han llegado a atender los que critican es el inmenso potencial de regeneraci√≥n metaf√≠sica y espiritual que dicha cultura encierra, y lo valioso que dicho potencial podr√≠a ser en un mundo que ha perdido el sentido del l√≠mite‚ÄĚ. 3

    Con la finalidad de dar una visi√≥n detallada considerando la riqueza que envuelven esos libros de adicci√≥n m√≠tico ‚Äď escritura, volver sobre el caso de los grandes mitos de

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    3 Ram√≠rez Ribes, Mar√≠a. Un amor por el di√°logo: el Inca Garcilazo de la Vega. Monte √Āvila Editores. Caracas. 1992. p. 141-142

    nuestra época resulta un poco escarpado. Leonardo Pereira Meléndez no deja escapar estos fenómenos hiperbólicos y asumiendo un rol como captador de nuestra realidad llena de magia, no cesa en su pretensión de revivir lo que ya es del dominio del asiduo lector, sino que trata de ubicarnos entre las galerías de esa infinidad imaginaría y la mitología cotidiana: el equivalente a la mimetización de los referentes homéricos, la materia metafórica tropical. Con un lenguaje divorciado de ornamentos, bien trabajado a conciencia, con un sentimiento que no merma su expresión estética, incorpora el cuerpo del poema tendencias líricas como el Kasala sin reticencias, a aquellos escenarios donde el universo recreado se fortalece como un elemento concreto de un espejismo deletreado, donde la simulación del lenguaje da vida a una fenomenología del pensamiento.

    FANTAS√ćA PO√ČTICA

    Los ni√Īos universales se pueden aparecer como una apolog√≠a de la fantas√≠a po√©tica: claro est√°, presentado el problema espec√≠fico con un contenido que es como el reflejo distorsionado de la realidad deformada. El poeta sin apelar a severos argumentos trata de englobar sus especulaciones sem√°nticas, sobre una mascarada relativamente sincretizada. Para Leonardo Pereira Mel√©ndez la tentativa de captar la atenci√≥n del lector se manifiesta a trav√©s de muchas alternativas, el hecho de presentar aspectos de diferentes etapas de su existencia hacen posible la interrelaci√≥n autor-lector por la corriente del pasado inmediato. La fantas√≠a en la pose√≠a de su acto creador representar√° de esta forma una dualidad de valores dial√©cticos, donde los componentes especiales del aprovechamiento ret√≥rico, permite el ritual invencionario en su continuidad l√≠rica en un universo cambiante de iniciativas formales transparentes.

    El centro de complicación de vestigio poético está impregnado por la memoria transmutándose en reflejo de la realidad mediante la premisa de la tierra prometida y el eterno retorno. Existe la revelación de la cita inevitable con el espejismo y a máscara hiperrealista. Esta agudeza interpretativa por dar una perspectiva sobre este asunto lo podemos encontrar en Alfred Sauvy, en su estudio fundamental donde sienta la base para la comprensión de estos grandes problemas que aquejan a los pueblos del mundo entero:

    “Este mito progresista, que a veces se concilia con el del eterno retorno, se opone, sin embargo muy frecuentemente al de la degeneración, al paraíso perdido, porque mira hacia delante. En nuestros días, reaparece con la civilización de la abundancia, del ocio, de la opulencia con la desaparición del Estado, en la óptica marxista. La fecha nunca se indica de modo preciso, porque los profetas de todos los tiempos sobresalen en el arte de dejar, en torno a sus predicciones, un halo que arregla muchas cosas.1

    Leonardo Pereira Mel√©ndez se inspira en los grandes problemas de nuestros tiempo, no tomado en cuenta el balance dual que pueda existir entre el bien y el mal; todo el ensamblaje de los poemas, al emitir su capacidad imaginativa, invita al lector a tratar de poner en tela de juicio esas situaciones llenas de enga√Īos dentro de un proceso hist√≥rico definido, por que no se adjudica particularmente esa suerte de telara√Īa estacionaria poblada de divinidades griega fundidas con el Olimpo carore√Īo. En el territorio de este escenario tropical, los titanes ruedan con la misma facilidad de un fajo de naipes, cada cuestionamiento planteado responde a una concepci√≥n curiosa de su predilecci√≥n por las costumbres citadinas y los rituales de la imaginaci√≥n. Esta estructura empleada por el autor carore√Īo, no difiere de l√≠neas fundamentales dominadoras de las nuevas promociones de poetas del pa√≠s; en esta falsificaci√≥n fantasiosa de la realidad nada es encerrado en un c√≠rculo, pues el elemento definitorio contenido en cada unidad tem√°tica aborda la aclaratoria m√≠tica de la existencia:

    ‚ÄúLos mitos y certezas constituyen el complejo ideol√≥gico desde que el se escriben las obras, aunque ello no significa que el creador necesariamente busque reproducir ese legado. Hay un margen de acci√≥n que le permite repensar la herencia ideol√≥gico que lo envuelven y por ellos los resultados no siempre son los mismos, cuando se asume art√≠sticamente una determinada realidad‚ÄĚ. 2

    _____________________________________________________
    1 Sauvy, Alfred. Los mitos de nuestro tiempo. Editorial Labor, S.A. Barcelona. 1969. p.32
    2 Monge, Carlos Francisco: La palabra y el muro en Casa de las Am√©ricas, N¬į 149, p.69. la Habana. A√Īo XXV. Marzo-Abril. 1985

    Esa visi√≥n irreductibles de las codificaciones m√≠ticas, es la casa del espejo de la mascarada ampliada de la relaci√≥n dial√©ctica con el entorno l√≠rico, este hilo confesional se torna m√°s visible cuando el poeta va desentra√Īando la par√°bola del mito de la edad de oro y pasea el lector por una espesura de relaciones maravillosas, semejantes a las fiebres alucinantes de los espa√Īoles que creyeron en las fantas√≠a de los habitantes de la Tierra de Gracia; en esa met√°fora evidentemente las revelaciones se despiertan para desglosar la imagen voluptuosa en todo el √°mbito en que est√° situado su propio espacio po√©tico: es obvio que Leonardo Pereira Mel√©ndez no integra este mar mitol√≥gico al azar, pero si insiste en que es prescindible enfocarse en la realidad con visualizaciones po√©ticas adquiere un pleno sentido cuando se desentra√Īa a la luz de lo que es el peso tem√°tico y el soporte t√©cnico donde encuentra su mejor expresi√≥n de recreaci√≥n intima. El hilo conductor funciona por acumulaci√≥n de detalles y por precisi√≥n conceptual de la apoteosis en el fluir de la cosmovisi√≥n, cabe la observaci√≥n sobre la posibilidad de ese tono dr√°stico expresado por el agudo poeta:

    “Anoche tu estabas ahí
    arreglando tus muebles
    viejos y harapientos
    con tu vestido blanco
    cont√°ndome tus historias
    T√ļ estabas ah√≠
    y yo rodeado de fantasmas‚ÄĚ. 3

    El sostén taxonómico en el trayecto de esa fetichización del lenguaje, donde nuestras historias particulares se repiten, ya que parece la cadena de la culebra que se muerde

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    3 Pereira Meléndez, Leonardo. Confesiones a media luna. Editorial Berkana. La Victoria. 1999. p.9

    la cola, es el trasladarse al diálogo con los muertos, entrar a un ludo donde los datos te hacen transitar una ruta donde la llegada es una cara idéntica, de conocedor sensible del destino en cierto extremo del movimiento pendular que con tanta evidencia muestra la especificidad mítica:

    ‚ÄúY no busca el poeta la soledad por una mitificaci√≥n de su valor. Es una consecuencia de su oficio, no aquel deificador del visionario sino el m√°s artesanal de la traducci√≥n. Es el poeta un simple traductor de los signos de su tiempo. No quiere el dolor. La realidad, y la lectura tenaz que de ella hace, lo conduce a ese aislamiento adolorido‚ÄĚ. 4

    _____________________________________________________
    4 Nu√Īez Silva, Tito. La poes√≠a de Ram√≥n Querales. Editorial La Espada Rota, Caracas. 1994.p.10

    EL REINO DE LA CASA

    Estamos seguros de militar en la idea que el recurso de la casa como paraíso se estructura como parte de la cristalización de nuestras vivencias, evoluciona como una condensación de la fantasía poética. Escritores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa han encontrado en la casa un mundo maravilloso, Ramón Palomares y Blas Perozo Naveda en el género poético, han sabido destacar ese universo lleno de prodigios con entusiasmo estético y perspectiva de vericuetos metafóricos, expresiones creativas orientadas por el oficiante de la palabra: especie de viajeros a zonas inexploradas, observadores de la misa de los sentidos y de los sortilegios de lo desconocido. En Confesiones a media luna no le exige el autor al lector una toma de conciencia sin su consentimiento para que intente de romper con lo establecido y la ficticia prosperidad revolucionaria en el país, Leonardo Pereira Meléndez le enriquece las expectativas formales para que comprendan la diatriba de sumergirse en el pozo donde no se puede retornar tras lo torcido de la realidad. Nuestra propia bodega de percepciones mágica rica y revivida pro las circunstancias de la voluntad creadora por el curso de las costumbres y los ritos de la cotidianidad, despierta del fondo de aquella casa centro del universo como las galerías dentro de las cajas chinas, donde se describen las inquisiciones particulares para reducirlas a un reino intimista:

    ‚ÄúLa casa nos brindar√° a un tiempo im√°genes dispersas y un cuerpo de im√°genes. En ambos casos, demostraremos que la imaginaci√≥n aumenta los valores de la realidad. Una especie de atracci√≥n de im√°genes concentra a √©stas en torno de la casa. A trav√©s de todos los recuerdos de todas las casas que nos han albergado, y allende las casas que so√Īamos habitar‚ÄĚ. 5
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    5 Bachelard, Gastón: La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica. México. 1975. p. 33

    Al notar el enfado y el cuestionamiento de las relaciones materiales que mantienen los individuos con sus circunstancias, apreciamos el cuidado sem√°ntico que confront√≥ el autor en la elaboraci√≥n de sus poemas; Leonardo Pereira Mel√©ndez mantienen una posici√≥n cr√≠tica ante todo ese aparato alienante que nos acosa y esclaviza al contexto fallecido siglo, al ver como se nos enga√Īa d√≠a a d√≠a cuado se vanagloria el nuevo gobierno de una revoluci√≥n sin apellido y sosteniendo las misma ma√Īanas del pasado inmediato; al no abandonar su tentativa de inmiscuirse en la imaginer√≠a De Cort√°zar, el universo misterioso heredado de nuestro mestizaje cultural y ese cat√°logo carore√Īo en materia de f√°bula, vemos la presencia de una analog√≠a invencionaria basada en elementos literarios de una realidad fant√°stica que no nos es ajena y llegamos a adoptar con su m√°scara imprevista:

    ‚ÄúLa realidad no ofrece demasiadas alternativas. Elegir entre su posibilidad y otros, aumenta el doble sentimiento de irrumpir bruscamente en una dimensi√≥n extra√Īa y alucinada. El mundo se orden a partir de un lento desorden de los sentimientos. Desordenarse, mirar a trav√©s de m√ļltiples espejos en cuyos reflejos habita un rostro fragmentado y aturdido. La realidad no es un amplio y l√≥gico espacio en el cual caben atropelladamente todas las necesidades humanas. Inversamente, la absoluta extra√Īeza de lo cotidiano puede convertirse en un magnifico artificio donde se realizan violentamente gestos y palabras, sue√Īos y mentiras, universos distintos trenzados por la hilaridad compleja, confundidos en el punto preciso hacia el que concurren r√°pidamente se√Īales y m√°scaras en una abigarrada proximidad fant√°stica‚ÄĚ. 6

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    6 Santaella, Juan Carlos: Laberinto y pelda√Īos en Papel Literario de El Nacional. Caracas. 13-07-80 p. 8

    Al dar rasgos propios definitorios sobre el fundamento l√≠rico, tomando en cuenta que el poeta se convierte en un visionario ilimitado, queda en su contemplaci√≥n rutinaria una llave para abrir los c√≥digos literarios, nuestra adquisici√≥n del lenguaje, de la realidad en que nos sumimos, trasunto de aquella visi√≥n de ese macro mundo carore√Īo espejeante. Por eso Julio Miranda se adentra en el aprovechamiento de la fantas√≠a de la poes√≠a para dar una visi√≥n sobre la eclosi√≥n de un momento determinado:

    ‚ÄúLa poes√≠a universal de los √ļltimos a√Īos no es precisamente fant√°stica, lo que acabar√≠a de se√Īalar la peculiaridad de esta poes√≠a venezolana. El hecho de que adem√°s haya integrados numerosos elementos del substrato m√°gico- popular, situado frecuentemente el poema a nivel cotidiano para ascender a estas v√≠as, ha sido otro acierto‚ÄĚ. 7

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    7 Miranda, Julio. Proceso a la narrativa venezolana. Ediciones de la Biblioteca. UCV. Caracas. 1975. p. 146

    HAMBRE DE CANTO

    ‚ÄúConfesiones a media luna‚ÄĚ. 1 forma parte de un proyecto evolutivo, un armar un poemario con textos que guardan una linealidad especifica, se vale de la fenomenolog√≠a del amor y otras instancias para estructurar su propuesta literaria, el curso lo va marcando el hilo invisible del yo interior del autor, de pronto, Leonardo Pereira Mel√©ndez pone de manifiesto su artes en el campo de la escritura, sin temores ante la alternativa de enfrentar al lector y su criterio. Ordenar todas las vivencias no representa una rutina sencilla, darle el toque m√°gico al muestrario de la realidad y magnificar aspectos sugerentes a la cotidianidad es una empresa complicada si tomamos en cuenta que se puede escapar de las manos del escritor detalles invalorables; sin embargo, mucho tiene que ver en esto la visi√≥n del poeta en su acto de nombrar sus elementos revividos. No podemos dejar de hacer notar la intenci√≥n del poeta de retomar composiciones de caracter√≠sticas tradicionales adecuadas a nuestra √©poca , haciendo prevalecer aspectos conceptuales y teor√≠as que han puesto en boga los especialistas en la materia, los cuales contribuyen a la frescura y a la renovaci√≥n de las letras en estos tempos tan complicados. Tratar de hacer cumplir una m√°xima de Jean Cohen parece ser un modelo asumido por el poeta carore√Īo:

    ‚ÄúLa emoci√≥n provocada por un poeta merece tal nombre por el hecho de ser una experiencia efectiva que se puede alienar en una de las grandes categor√≠as de la vida emocional: alegr√≠a, tristeza, miedo, esperanza, etc√©tera‚ÄĚ. 2

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  • DE LA QUEBRADA "LA PE√ĎA BLANCA" AL R√ćO MORERE

    (Discurso pronunciado en el Acto Académico Especial de Conferimiento del Doctorado Honoris Causa en Jurisprudencia, por la “Internacional Philo-Byzantine Academy And University Magistrorum, Miami, USA, el día 6 de Octubre de 2007, en la Iglesia El Calvario de Carora)

    Mi abuela materna se llamaba Mar√≠a Teresa Mel√©ndez, y quienes la conocieron en la pubescencia, sostienen que era una beldad mujer a la que le gustaba mucho la poes√≠a. Ten√≠a los ojos almendrados y un minucioso deleite por las bellas artes. Amaba la naturaleza. No es necesario decir que mi amor por las letras proviene de esa alma tan caritativa. Pero mi abuela materna, Mama Teresa, como la llam√°bamos, ten√≠a una particularidad: no sab√≠a leer ni escribir. Mi abuelo paterno se llamaba Manuel Jes√ļs Mel√©ndez Camacaro, y seg√ļn me han contado, era un empedernido rapsoda que aprendi√≥ muy joven a labrar la tierra, no conociendo nunca un libro, tan solo las herramientas propias del campo: el hacha, el machete y la pala. Tampoco sab√≠a leer ni escribir. Hoy quiero confesar, y de ello, me es imposible ocultar mi orgullo, que estas personas, son los seres m√°s inteligentes, cultos y educados que he conocido a lo largo de mi vida. El viejo ‚ÄúCh√ļs Mel√©ndez‚ÄĚ sin conocer a fondo las ciencias del Derecho, mucho menos qu√© es eso, a lo que muchos de nosotros denominamos ‚ÄúJusticia‚ÄĚ, sab√≠a que deb√≠a tratar a sus cong√©neres en forma igualitaria, sin permitir que el patr√≥n abusara del pe√≥n que trabaja de sol a sol para llevar el sustento a su familia. El viejo ‚ÄúCh√ļs Mel√©ndez‚ÄĚ no sab√≠a de leyes, pero s√≠ sab√≠a que no pod√≠a disfrutar de algo si no lo hab√≠a ganado con el sudor de su frente. ¬ŅQu√© otra cosa no es la Justicia? Para ser un hombre justo no es necesario saber de justicia. Para ser un hombre sabio no es necesario ir a la escuela. Es ineludible ocultar cu√°n orgulloso me siento de pertenecer a la estirpe mel√©ndera. Cuando hoy Byzancio me honra, generosamente, s√© de antemano que no es a m√≠ a quien homenajea. La codificaci√≥n bizantina del m√©todo romano est√° compuesta por costumbres, no otra cosa es la actividad jur√≠dica que recoge el gran Justiniano en sus apuntaladas interpretaciones. Es una costumbre honrar a los muertos. El Derecho reivindica el hombre con la naturaleza. El amor es espont√°neo. No hay nada en el mundo que me haga pensar que soy inteligente. Me da miedo pensarlo. El hecho de que haya ido a la escuela y haya aprendido a leer y a escribir, ello no me da libertad para pensar que lo soy. Por eso, en ocasiones, huyo de los claustros universitarios y me refugio en la poes√≠a. Solo en ella, en la dadivosa poes√≠a, he sentido que el cosmos donde habito suele estar lejano y peque√Īo como cuando la noche engendra la flor del tiempo. Adoro la poes√≠a y sus eternidades. No me es ajena la vida bizantina. De hecho provengo de un pueblo m√°gico: San Crist√≥bal de Aregue. M√°s all√° de ‚ÄúLas Huertas‚ÄĚ, ‚ÄúLa Mesa‚ÄĚ, ‚Äúla Cruz Verde‚ÄĚ, ‚ÄúEl Tanquito‚ÄĚ, m√°s ac√° de ‚ÄúChipororo‚ÄĚ, queda San Crist√≥bal de Aregue, donde tengo enterrado mi ombligo, porque ah√≠ en ese agraciado lugar naci√≥ mi madre y nacieron mis abuelos y bisabuelos, comarca donde renace en cada casa y en cada habitante, una palaciega soledad, sempiterna, llena de una infinidad pr√≥xima a la nostalgia. Los cerros, y las colosales quebradas, como la no menos famosa ‚ÄúPiedra de la Pe√Īa Blanca‚ÄĚ, que est√° poco antes de llegar al pueblo, son de una naturaleza indescriptible como lo es el fr√≠o que se siente de madrugada. De ese amado pueblo vengo. De ese peque√Īo caser√≠o soy. Hecho de barro y cal. De ese milagroso olimpo, de sofocante calor y de mujeres enigm√°ticas, con ojos de color alm√≠bar, √ļnicas en el mundo en descifrar el sonido de la lluvia, y comprender el canto de los p√°jaros, saber qu√© dice el c√©firo a los √°rboles, de cuyos colores violeta y amarillo queda apresado hasta el m√°s receloso mortal. El mundo bizantino no me es ajeno. Porque Byzancio es la exploraci√≥n del universo, es el humanismo hecho hombre. Byzancio forma parte de la vida. El placer y la religi√≥n filos√≥ficamente pertenecen al hombre desde la prehistoria. Ludovico Silva, cl√°sico entre los cl√°sicos, influenciado por Charles Baudelaire, confes√≥ antes de morir que cre√≠a en Dios y en los √°ngeles y dec√≠a que para √©l, era ‚Äúinconcebible que un poeta no crea en Dios, en los √°ngeles y en los milagros‚ÄĚ. Cuando yo era ni√Īo iba siempre a la casa solariega de mis abuelos maternos, y muchos fueron los atardeceres que compart√≠ con mi abuela Mama Teresa, quien me recitaba de memoria cuentos de desaparecidos y hermosos cu√°n largos poemas de autores antiguos y populares, aprendidos en la literatura hablada, conversada no convencional ni acad√©mica. ¬ŅNo es eso m√°gico, Dra. Raquel Pereira Mel√©ndez? ¬ŅNo es eso bizantino, Dra. Berenice L√°scaris Comneno? ¬ŅNo constituye ello un Milagro, Dr. Joel Su√°rez? Desconozco si soy un hombre bienaventurado. Pero he sido testigo de muchos milagros. El mundo se ha globalizado. El perverso capitalismo corrompe sin piedad el esp√≠ritu de los d√©biles. La igualdad social no existe para el empresariado. El latifundista pretende seguir apoder√°ndose de la tosquedad del campesino. Se fragmentan legislaciones, pero el hombre sigue a la intemperie. ¬ŅEs eso razonable, Dr. Nelson M√ļjica? El recuerdo por lo justiciero del viejo ‚ÄúCh√ļs Mel√©ndez‚ÄĚ habita en mi memoria. Confieso que el derecho me seduce menos que la poes√≠a y la literatura, pero me apasiona el Derecho Penal. Por eso mi trajinar en busca de un mundo m√°s igualitario. M√°s socialista. El sol brillante, anaranjado como cuando muere la aurora, de San Crist√≥bal de Aregue, se traslad√≥ al r√≠o Morere. Son interminables mis caminatas por el Cerrito de la Cruz. De ah√≠ arriba veo el crecimiento de la Sultana del Morere. Desde ah√≠ observo a Carora y el des√©rtico espejo que es hoy d√≠a Venezuela. La historia de la traici√≥n es tan vieja como el Derecho Bizantino. Ya es tiempo de recuperar el hilo de la esperanza y la fe en los valores de la moral. Es tiempo de construir las frases rotas por quienes se embelesan en rendirles pleites√≠a a la ignorancia, madre de la desesperaci√≥n y del fracaso. Byzancio no me es ajeno. Me parece apropiado el momento para agradecer. Hoy decido que √©ste caliente sol carorense pre√Ī√© la sombra del crep√ļsculo. Estoy agradecido. Muy agradecido. Cuando en el a√Īo 1990 gradu√≥me de Abogado en la muy ilustre Universidad Santa Mar√≠a, mi bienamada madre, Do√Īa Gregoria Mel√©ndez Mel√©ndez, hab√≠a prometido que yo llevar√≠a a la Sant√≠sima Virgen de la Coromoto, all√° en el templo de Guanare, la medalla que me confirieron, y as√≠ hice, para honrar la palabra de mi madre, y porque adem√°s, soy religioso, y como todo poeta creo en Dios y en los √°ngeles, aunque los m√≠os, mis √°ngeles s√≠ tienen sexo. Por eso no es extra√Īo que yo haya escrito el poema que transcribo y leo, con la anuencia de mi sabia madre:

    -I-
    Padre Mío
    Que est√°s en el Cielo

    Santificadas sean las mujeres
    Que me amaron

    Y dejaron mi cuerpo
    Disperso
    En t√ļ nombre

    Ven a mi Reino
    Urdido de deseos
    Convierte mi tristeza
    En el arcoiris de Noé

    -II-

    Has realidad el sue√Īo del mendigo
    Bendice los hijos que no conozco
    Perdona mis pecados
    Como yo perdono al que conduce

    A mis hermanos a la miseria

    Perdona mis fornicaciones
    Como yo perdono al Papa

    Que solo recibe en su departamento

    Reyes y reinas
    Príncipes y princesas
    Morbosos borrachos de Alta

    /Alcurnia

    Y se conforma con saludar
    Desde el papa Móvil
    A la muchedumbre que cree
    En un mundo de igualdad

    -III-

    Padre mío que estas en el cielo
    Perdona mis pecados
    No te metas en líos.
    -2-
    1990, ¬ŅCu√°nto tiempo ha pasado? Era un joven lleno de sue√Īos, de ilusiones, de esperanzas. Hoy, 17 a√Īos despu√©s, siento que algunas est√°n muertas. Algunos sue√Īos realizados. A medias, claro. Sin embargo, noto que he cambiado. No mucho, pero si he cambiado. Ya no soy el mismo. Si bien no he dejado de so√Īar con un mundo mejor, ya no creo en el hombre. Quiz√°s porque he andado estos √ļltimos diecisiete a√Īos en medio de lobos. Me nombran y callo. No digo nada. No hablo nada. He dejado de construir casas de caracoles. Soy humano. Soy poeta. Un escritor de provincia. Un hacedor de lluvias. Eso soy y ser√© siempre. Hoy estoy agradecido. Aunque s√© que siempre ser√© el secreto nunca develado, la ventana marchita, la piedra transparente. S√≠, ser√© solo eso, el que retorna sin glorias, al pasado, lleno de vidrios, sobre el caballo de la muerte.
    Agradezco a la Dra. Berenice Láscaris-Comneno Torres, por honrar a mis ancestros. Gracias Princesa de Byzancio por eternizar mi amor por la poesía y mi pasión por el derecho.
    Agradezco a todos mis amigos, socios de sue√Īos, por escoltarme en mis fantas√≠as de construir‚ÄĒencima de un elefante‚ÄĒcasas de caracoles.
    Gracias Raquelita. Gracias Joel Antonio Su√°rez. Gracias Ram√≥n P√©rez Lin√°rez. Gracias Nelson David M√ļjica. Gracias Emers√≥n Corobo Rojas. Gracias Jos√© √Āngel Ocanto. Gracias Gilberto Abril Rojas.
    Gracias Mam√°, gracias polito, gracias Pap√°, los amo mucho.
    Gracias Moraima, esposa mía, madre de mis tres invalorables tesoros.
    Muchas gracias a mis hermanos, Luis, Daybo y Marisol. Gracias a mi hermano Jorge Franklin, disp√©nsame all√° arriba con nuestro Padre Celestial por mi atrevimiento po√©tico. El nos conoce. Yo soy su to√Īeco.
    Gracias Jos√© Gregorio, hermano m√≠o, trasl√ļcida inocencia, hermoso regalo de Dios, √ļnico sabio viviente de la familia Mel√©ndez-Pereira Mel√©ndez.
    Gracias a mis novias imaginarias.
    Gracias a todos los presentes.
    Es tiempo de agradecer. Estoy agradecido. Eternamente agradecido.
    Muchas gracias. Se√Īoras. Se√Īores. Carora, 6 de Octubre de 2006.
    Iglesia de El Calvario.

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